• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los presos políticos

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Son diversos los asuntos que están ahora en la escena política. Tantos que podría decirse que los árboles no dejan ver el bosque. Unos cuantos han sido lanzados con este propósito, con el de distraer, que la gente pierda su tiempo discutiendo sobre “el proceso constituyente”, por ejemplo. No cabe duda de que los “cerebros” de la revolución bolivariana son fecundos en esta clase de estratagemas, y el éxito los ha acompañado en más de una ocasión. Con tal experiencia, no se han detenido en repetir las gastadas argucias.

Los fabuladores tienen éxito en el sentido de poner a las gentes a elucubrar sobre sus fantasías, mientras olvidan lo sustancial del desafío que tienen planteado. Es obvio que el Gobierno quisiera reformar la Constitución para resolver problemas que ellos desearían hacerlo sin consultar al país. Pero, esto no está al alcance de la mano. Son poderosos, sin duda, pero no todopoderosos, y les llegará el momento de reconocerlo.

Por eso es un error darle tanta beligerancia a esta ambigüedad del “proceso constituyente”. Esta es una banalidad como tantas otras que han echado a correr en otras ocasiones, como el “parlamentarismo de calle”. No hay tal, no se puede suplantar la Asamblea Nacional por los mítines de esquina. Quien sí ha erosionado al Poder Legislativo, y con su complicidad, es el Presidente de la República con sus facultades de legislador.

Entre los diversos asuntos que ocupan la atención de los venezolanos pocos tienen la jerarquía de los presos políticos. El país no quiere que aquí haya presos políticos. Son un pésimo signo y una advertencia de que muchos otros podrían correr la misma suerte, y así se usan como escarmiento, como manera de atemorizar a los ciudadanos y persuadirlos de que es mejor “no meterse en problemas con el Gobierno”.

Venezuela acaba de ser elegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Vale la pena resaltar que siempre estuvo allí, por largos años, y que su récord fue ejemplar. Ahora regresa, pero debe poner la casa en orden, y para eso, es urgente resolver el problema de los presos políticos y de los exilados. Esto le interesa tanto al Gobierno como a la oposición, o mejor, sería preferible decir que trasciende al uno y a la otra, es un asunto nacional, y como tal debe plantearse.

Hay signos positivos en el ambiente, se perfila un clima conveniente. Desde que se reunieron el vicepresidente de la República y canciller, la fiscal general, y el diputado Edgar Zambrano, y por tres horas intercambiaron ideas sobre la amnistía, podemos entender que hay propósitos en el Gobierno para atender el clamor nacional. Sería una decisión inteligente destinada a despejar el nuevo periodo constitucional de cuestiones que tanto dividen y tan profundas heridas causan entre la gente. Son innumerables las razones que asisten a familiares y amigos, al país en general, que desea ver superada esta situación. Ninguna otra tiene tanta prioridad.