• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La preocupación de Nin Novoa

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Rodolfo Nin Novoa es el actual canciller del Uruguay, y formó parte de la fórmula del triunfante candidato Tabaré Vázquez como vicepresidente. Una vez restablecida la democracia en su país, destacó como representante de la convención encargada de crear la nueva legalidad que permitiera el retorno de la convivencia cívica después de una feroz dictadura militar.

En la memorable ocasión se opuso a la denominada Ley de Caducidad, especie de borrón y cuenta nueva que podía abrir rutas de impunidad para los milicos causantes de infinitas tribulaciones a la sociedad. Sus intervenciones contra la caducidad de los delitos anteriores le concedieron fama nacional, hasta el punto de permitir que su nombre sonara en un par de ocasiones como candidato presidencial.

¿Por qué describimos brevemente su hoja de vida? Para que no se confunda con un oportunista recién llegado, ni con un funcionario común que se aprovecha de las circunstancias para llamar la atención. Pero, en especial, para destacar el contenido de las declaraciones que acaba de formular sobre la situación que padecemos en Venezuela debido a las arbitrariedades del gobierno del presidente Maduro.

Conviene retener lo fundamental de la declaración hecha hace pocos días por el canciller Nin Novoa sobre la crisis venezolana. Dijo entonces: “Es enormemente preocupante. Sobre todo para un país que vivió las mismas condiciones que están viviendo parte de los venezolanos ahora”. Está haciendo una comparación con la historia uruguaya, como se habrán percatado, pero no se atreve con una analogía cualquiera.

Cuando, para referirse a la actualidad venezolana, Nin Novoa habla de condiciones parecidas a las que sufrieron los uruguayos en el pasado, propone un parangón terrible. Sin detenerse en detalles, llama la atención sobre los excesos cometidos por la fuerza militar bajo la inspiración de Bordaberry y continuada por atroces espadones, de dolorosas depuraciones, de la desaparición del Estado de Derecho, de persecuciones que provocaron una dolorosa diáspora (de la cual fue beneficiada nuestra sociedad, por cierto), de vejámenes infinitos.

A esos sucesos se refiere Nin Novoa cuando afirma que en Uruguay se padecieron “las mismas condiciones” que hoy predominan en la Venezuela chavista y que lo llenan de una profunda preocupación.

No estamos ante palabras vanas. No estamos ante las apreciaciones del improvisado de turno, del demagogo habitual que tanto daño le ha hecho a nuestro sueño de democracia y libertad. Escuchamos las palabras sinceras de un demócrata probado y de un político que, en su momento, clamó por justicia frente a los asesinos y los torturadores, la gran mayoría de ellos militares que traicionaron su código de honor.

Escuchamos la voz de un hombre público que, por sus méritos, acompañó el presidente Tabaré Vázquez como vicepresidente en su fórmula electoral. ¿Nin Novoa está exagerando? ¿Tiene fundamento su elocuente analogía? El que tenga oídos que escuche, se dice desde los tiempos bíblicos.