• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un premio noble

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Lo que nadie le puede quitar a El Nacional por más que lo intenten los bandidos burocráticos y los militares corruptos es su histórica valentía para enfrentar el autoritarismo, así como su inquebrantable voluntad de lucha por la democracia. Los valores de la libertad de expresión, de los derechos humanos, de la solidaridad con los sectores menos favorecidos y con la vapuleada clase media forman parte inmutable de nuestro compromiso.

Así lo quiso Miguel Otero Silva al fundar este periódico luego de sufrir la represión y el exilio por largos años. Hoy vemos el resultado de esta lucha cuando en Venezuela vuelve a sentirse la esperanza y se percibe un horizonte de libertad.

Ha sido una trayectoria amarga y dolorosa. Nuestro presidente editor, Miguel Henrique Otero Castillo, asumió uno de los compromisos más difíciles que le ha tocado en su vida: enfrentar un proyecto autoritario y dictatorial carente de escrúpulos y que aireaba como objetivo el cierre definitivo de El Nacional como periódico crítico e independiente.

Miguel Henrique Otero sabía de antemano que a nuestro reto de luchar por la vigencia de las libertades en Venezuela no se sumarían otras tantas voces, que incluso algunas de ellas optarían por tomar distancia prudentemente.

Miguel Henrique no se equivocó en sus temores, aunque como luego lo confesaría con tristeza y amargura, jamás se imaginó que la bajeza, la hipocresía y el cinismo alcanzaran cuotas tan altas de sumisión ante el poder. Día a día El Nacional era blanco de una estrategia diseñada para desprestigiar la credibilidad de este medio, para cercarlo económicamente mediante el boicot de la publicidad oficial y de la negación a la entrega de dólares para comprar papel y, finalmente, para atacarlo por dos flancos: arremetidas de sus bandas armadas contra las instalaciones del diario, contra nuestros periodistas y trabajadores, y contra la reputación de los directivos y sus familiares.

Simultáneamente se nos acorralaba con demandas en los tribunales, prohibiciones de salida y congelamiento de cuentas bancarias, órdenes de captura y grabaciones ilegales de las conversaciones telefónicas e intercepción de correos por Internet. Lanzaron sobre El Nacional sus perros de presa para inspeccionar el pago de los impuestos, las cifras de venta y circulación, los contratos con otras compañías. Nada encontraron porque nada irregular podían encontrar.

Miguel Henrique Otero no cedió en su lucha, los periodistas tampoco cedieron en su valentía y coraje, los trabajadores se mantuvieron firmes y nuestros lectores nos siguieron siendo fieles.

Hoy es noticia de alcance internacional que se le haya otorgado en Madrid a Miguel Henrique Otero Castillo y a El Nacional el prestigioso Premio Luca de Tena 2015, en una ceremonia presidida por el rey Felipe VI de España, en la sede del diario ABC. Decir que estamos orgullosos sería reducir demasiado la inmensa alegría que se vive en la redacción, en nuestros corazones y en la fe democrática que nos guía.