• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La política de la pobreza

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A la pregunta de si Venezuela podía tener un gobierno peor que el que realizó Hugo Chávez en casi tres lustros, han bastado apenas cinco meses para que los ciudadanos tengan una respuesta: los de Maduro se anuncian como los peores tiempos que hayan sufrido los venezolanos en muchos años.

Una somera y realista visión por la Venezuela de aquí y ahora no deja lugar a dudas. Producción petrolera: baja. Reservas internacionales: bajas. Inflación: crece. Valor de la moneda: debilitamiento creciente, dos devaluaciones consecutivas dan prueba de ello. Escasez de los productos básicos: aumenta. Precio de los alimentos: se incrementa. Disponibilidad de medicamentos: baja. Tasa de desempleo: alta. Delincuencia: aumenta.

Con la muerte de Chávez no sólo se acabó el chavismo, sino que se inauguró la temporada de Maduro, una que hasta la fecha no muestra más que un empeoramiento sistemático de los indicadores clave de la calidad de la vida. El lector, por sí mismo, es testigo y víctima de esta realidad todos los días. Es simple como esto: Venezuela es hoy un país donde sus ciudadanos deambulan por los comercios en búsqueda de un rollo de papel sanitario. Un país de parámetros empobrecidos. De realidades cada día más ominosas. De humillaciones cotidianas.

Frente a unas políticas (o ausencia de ellas) cuyo resultado es el empobrecimiento del país, hay quienes afirman que Maduro necesita que le den una oportunidad, puesto que estas realidades son la depauperada herencia que recibió de Chávez.

Esta tesis tiene entre sus adeptos a personas del oficialismo, quienes piensan que Maduro se debate entre la exigencia de realizar cambios significativos en la conducción del Gobierno y la obligación política de cuidar la memoria del fallecido (no se trataría entonces de un pajarito que aparece subrepticio, sino de un bacalao que le dobla la espalda).

La otra tesis, también suscrita por importantes sectores oficialistas, es que Maduro no ha logrado ni logrará proteger el caudal político recibido de Chávez, y que es su pura incompetencia la causante del creciente deterioro de la popularidad del Gobierno en las encuestas.

Esta consideración de si Maduro es víctima o verdugo de Chávez tiene importancia en la escena de una evidente crisis política. Pero en otro terreno más inmediato y terrible, ese donde la vida cotidiana de las familias de todas las regiones de Venezuela está sometida a los más variados padecimientos, su resultado diario y concreto es un empobrecimiento en todos los sentidos: reducción de los espacios públicos cada vez más en manos de los delincuentes, reducción de las posibilidades de acceder a los productos básicos para vivir, reducción de la capacidad adquisitiva de una moneda cada vez más deteriorada. En síntesis, un país sometido a un perverso experimento: el de un conjunto de políticas, que incluye la ausencia de éstas, cuyo resultado no es otro que la precarización de la sociedad.