• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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“La planta insolente”

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No fue Cipriano Castro en su famosa reacción contra el bloqueo de las potencias europeas, sino Nicolás Maduro, pero el contenido de los discursos fue semejante: prepararse para defender hasta la muerte “el suelo sagrado de la patria”. Ya sabemos cómo se las arregló don Cipriano para salir del atolladero en que se había metido: gritos y después de los gritos un acuerdo con Estados Unidos para detener el apetito del Káiser y del rey de Inglaterra. En el caso de Maduro no sabemos exactamente el tipo de guerra que tiene previsto, ni conocemos la identidad del enemigo, pero ha anunciado unos zafarranchos dignos de atención.

El miércoles, en una gira por el estado Sucre, nos sorprendió con el plan de crear un sistema de armas antiaéreas capaz de detener al más feroz de los rivales. No es idea suya, claro está, sino del comandante supremo, y consiste en la instalación “del sistema más poderoso del mundo en todas las cordilleras, las montañas, el llano, las fronteras marítimas y terrestres”.

Avión que aparezca, avión que desaparece, helicóptero que asome la nariz, helicóptero hecho polvo galáctico en defensa de “una patria inexpugnable”. Ya hubiera querido Castro contar con la plata para hacer un anuncio parecido, pero estaba en la inopia. Ahora parece que la botija está llena para la adquisición de juguetes capaces de resguardar la soberanía.

Pero, ¿contra quién es la guerra? Colombia no tiene una fuerza aérea capaz de preocupar a la revolución, y las relaciones con Santos se caracterizan por lo que parece una inquebrantable cordialidad. Con el resto del vecindario vivimos en santa paz. Seguramente no esté pensando el defensor en la fuerza aérea de Estados Unidos, ducha en las formas de esquivar y aniquilar parapetos improvisados.

¿Quiénes son, entonces, esos invasores trasportados en raudas y arteras naves a los cuales se debe aniquilar? Ante la carencia de datos sobre los factores externos de la hostilidad el pensamiento se detiene en las recientes declaraciones de José Vicente Rangel, quien acusó a la oposición de comprar en el imperio 18 aviones de guerra para el derrocamiento del régimen. Bingo: apareció el enemigo interno, no hay que darle más vueltas, ese puede ser el motivo para la creación del sistema antiaéreo “más poderoso del mundo”.

Parece cosa de un programa de Radio Rochela, de mojiganga insólita, pero en el firmamento sosegado y sin ruidos no se advierte mejor explicación. Tal vez negocios jugosos tras las nubes divisadas desde el “suelo sagrado”, si nos dedicamos a pensar mal. Que perdone Cipriano Castro su inclusión en una desconsiderada analogía, pero en realidad la culpa es de Nicolás Maduro por la irresponsabilidad de la curiosa guerra que anunció sin explicar las razones del gasto multimillonario que sin duda implicará.