• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Entre piedras y pistolas

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El problema con las personas que gobiernan hoy a Venezuela es que aprendieron muy rápido que no importa la gravedad de los atropellos que se cometan, las normas que tengan a bien violar reiteradamente, que abusen del poder día a día o que les descubran sus escandalosos actos de corrupción. Ellos saben bien que el movimiento bolivariano ha venido abandonando los principios éticos que guiaron a su fundador, y que el pillaje de los dineros públicos es ya una costumbre y casi una obligación.

Si se comportan bien y actúan limpiamente son relegados a cargos de segunda categoría. Pero si se distinguen por la velocidad con que se llenan los bolsillos entonces escalan hacia puestos cada vez más altos donde la posibilidad de enriquecerse se convierte en algo más fácil.

Lo que los mueve a ser tan descarados y tan cínicos es la seguridad de que al final no les pasará nada, que escaparan fácilmente sin pagar un precio por sus abusos y por la violación de las normas mínimas de respeto hacia el tesoro público.

Revisemos una vez más el caso de Elías Jaua, excanciller y hoy ministro de la Vivienda. Si fuera un hombre que respetara a su país, a su gobierno y a su ideología, antes de esperar que se produjera el escándalo en Venezuela y que el gobierno de Brasil reaccionara a raíz del incidente de su “niñera” y de los acuerdos que firmó sin autorización de Brasil con el Movimiento de los Sin tierra, debió renunciar y luego presentar disculpas ante el país vecino por su injerencia en los asuntos internos de esa nación.

Hay que imaginarse el escándalo en Venezuela si fuera otro país el que violara estas reglas. Se han acostumbrado a irrespetar las formas con tal descaro que se nota lo poco que han aprendido de la propia diplomacia cubana.

Elías no renunció y Maduro lo aplaudió porque simplemente hay demasiado camino recorrido y mucha complicidad para darle importancia a estas nimiedades burguesas relacionadas el uso indebido de los bienes del Estado y el respeto a la no injerencia en los asuntos de otros países.

Para Elías Jaua que le envíen en un avión de Pdvsa a su niñera, su suegra y su pistola es seguramente asunto de rutina. Cuántos viajes similares se estarán haciendo a espaldas del pueblo venezolano. Eso es un abuso con toda la nación y una desconsideración en estos tiempos de crisis. Saben que no hay Contraloría que declare al respecto ni Corte que los juzgue. Allí está, por ejemplo, la actitud cómplice de la Asamblea Nacional.

¿Y en qué maleta guardará Jaua sus principios revolucionarios? ¿A cuenta de qué tiene derecho de viajar como un aristócrata y trasladar a su personal de servicio? Además ¿cómo un funcionario del gobierno puede costearse los gastos de un hospital en exterior y otros lujos cuando los sueldos de la burocracia venezolana son miserables, incluyendo la de los propios ministros. Quienes tanto pregonan el igualitarismo se comportan, viven y actúan como los mismos ricos que tanto critican.