• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Las peticiones

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Ayer en su discurso ante la Asamblea Nacional, Nicolás Maduro lanzó “un llamado a los medios de comunicación privados a no invisibilizar la lucha sin tregua contra la corrupción que hemos emprendido, con renovados bríos, junto al pueblo y subordinados a su mandato”.

Puede tener la seguridad el señor Maduro de que El Nacional le dará la mayor cobertura tanto a esa lucha como a la corrupción misma, tomando en cuenta el criterio, señalado en el mismo discurso, según el cual “erradicar la corrupción exige, primero que nada, hacerla visible allí donde pretende ocultarse”. Tal ha sido y seguirá siendo la conducta de este diario.

Por ello, además de investigar a aquellas instituciones y personas más susceptibles de aprovecharse de los recursos públicos, debido a que se mueven en los medios, instituciones y empresas que manejan mayores cantidades de dinero; de señalar aquellos casos en los cuales existan indicios fundamentados de malversación, sobornos, comisiones y compra de conciencias; de velar porque la justicia se aplique con rigor, sin mediatizarla ni subordinarla a objetivos políticos; destacaremos tanto los logros como los fracasos u omisiones de esa lucha contra la corrupción que, tras años de silencio cómplice, proclamó el señor Maduro al solicitar poderes legislativos extraordinarios.

Los primeros requisitos para librar una lucha efectiva contra la corrupción son transparencia y libertad de expresión. Esto a su vez supone un manejo claro de las cuentas y acceso a las fuentes de información. No ha sido así durante estos años. La proliferación de fondos especiales, de contratos otorgados sin licitaciones y de maletines voladores dan fe de ello.

La renuencia a nombrar un contralor general (y no una “encargada”) que cuente con el respeto de los ciudadanos apunta en la misma dirección.

Para remediar tales carencias no se necesitan leyes especiales sino voluntad y sinceridad de propósitos.

Maduro afirmó en su discurso ante la Asamblea: “Sería profundamente ruinoso para la revolución bolivariana que todo este debate sobre la corrupción se rodee de un clima de impunidad ante casos concretos de malversación o corrupción de cuello amarillo o rojo-rojito” (¿los chinos y el PSUV?), “generando ambientes de complicidad”.

Si esto es en serio, el gobierno debería ser el primer interesado en adecentar la administración pública y la vida económica. En eliminar, por ejemplo, la penalización por revelar secretos tan pueriles como la cotización del llamado “dólar innombrable”.

Una cruzada contra la corrupción contará con todo nuestro apoyo. Pero si se inicia con el intento de comprar diputados de la oposición y con amenazas contra quienes antes de apoyar unas leyes que dependerían de la voluntad de una sola persona desearían primero conocer su contenido, ningún venezolano honesto se va a montar en ese autobús destartalado y sin frenos.