• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La perturbación Merentes

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Cuando presentó el proyecto de presupuesto nacional ante la AN, el ministro de Finanzas, Nelson Merentes, habló de tres perturbaciones que asfixian a la sociedad: la inflación, la escasez y el sistema cambiario. Pero también dijo que la administración de la cual es vocero lleva catorce años en el gobierno. Curiosa relación en la médula de un discurso oficialista. Si uno piensa con calma sobre tales declaraciones, descubre una perturbación que faltaba: la del propio Merentes confesando la existencia de problemas que no se han solucionado debido a la mala gestión de sus colegas del alto gobierno.

Ya el hecho de que hablara sin vacilación sobre un trío de escollos fundamentales, sin atribuirlos necesariamente a los “enemigos de la patria” y llamando la atención sobre la existencia de una administración que va para tres lustros sin lavar mejor la ropa, le concede un carácter singular a sus palabras. Rara vez un representante de la revolución se atreve a detallar los problemas que sus miembros no han sabido ni podido solucionar. Apenas en ocasiones insólitas se oye en la cúpula una voz capaz de detenerse en los errores de adentro y de llamarlos por su nombre, sin acudir a la común salida de arrojar la culpa en la cara de los políticos que habitan la otra orilla o en las intenciones oscuras del imperialismo.

Cualquiera puede pensar que hila muy fino el editorialista cuando advierte una situación poco común en las palabras de Merentes, cuando se atreve a sentir ruido en una casa acostumbrada a silenciar las bullas, pero un detalle digno de atención sugiere que no está exagerando. En efecto, al hablar de la casa de estudios más importante del país, el ministro de Finanzas se ufanó de las atenciones que su despacho y él personalmente les han prodigado. “Nuestra UUCV”, se atrevió a decir ante la representación roja-rojita de la AN y ante las cámaras de la televisión, que debieron estar observando sus compañeros burócratas que han sido tan cicateros, injustos e incluso alevosamente altaneros con una institución fundamental de la sociedad. ¿No manifiesta así una distancia elocuente, ante un hecho tan protuberante como la batalla del régimen contra la casa que vence las sombras? ¿No quiere que lo saquemos del inventario de la barbarie que le niega el pan y la sal a un símbolo de la educación superior?

También dijo que en catorce años el gobierno había aprendido mucho. No todo fue distancia en la lengua del ministro, ni mucho menos. No se manifestó como cabeza de una fracción del PSUV. No abandonó el barco ni expresó la intención de saltar la talanquera, pero parece incómodo en la travesía. Tal vez deba incluirse él mismo en esa enseñanza provista por la experiencia reciente, que le indicó la importancia de no estar dispuesto siempre a retratarse en grupo. Cuando, en ocasiones como la presente, desatiende el llamado del fotógrafo de palacio y lo comunica a su manera a los demás, Merentes se convierte en la cuarta perturbación.