• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

La persecución imposible

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La revolución no deja de sorprendernos con la invención de cruzadas contra lo que, cada cierto tiempo, considera maligno e inconveniente para su causa. En materia de inventar movimientos contra algo, por más insólito que parezca, el régimen es una generosa caja de Pandora. En esta oportunidad anuncia una de las más arduas batallas que jamás se ha planteado desde los tiempos de Chávez: la persecución de los corruptos.

Ahora levanto banderas, cuchillas, trompas y bombardas y la emprendo contra la “maldita corrupción”, proclama Maduro en tono de pontífice medieval en lid contra los pecados capitales, en batalla campal contra los infieles.

Asegura que ha peleado contra la burguesía parasitaria, contra los pelucones y contra el macabro imperialismo, pero jamás se ha enfrentado a un enemigo tan colosal. Aparte de que no había corrido la sangre en esas figuradas hostilidades, aunque tal vez algún rasguño dramatizado se viera de pronto en cadena nacional, no hay estadísticas sobre el movimiento de las tropas ni sobre los montones de cadáveres y menos actas de capitulación.

No sabemos si lo entendió así el proclamador de la inesperada conflagración, pero está ante una batalla realmente dura y seguramente imposible de realizar. Nada que ver con las contiendas libradas hasta la fecha. La burguesía parasitaria es escurridiza, en la medida en que no aparece sino en los discursos rojos-rojitos, lo mismo que el mil veces invocado imperialismo que no se da por aludido.

La corrupción y los corruptos remiten a dos problemas colosales, que tienen relación con su proximidad y con su incalculable número. Están demasiado cerca, en los despachos oficiales y en las oficinas del partido, y forman multitudes de inimaginable magnitud.

Buscarlos en los rincones o en la misma sala de la casa no es fácil, por las sorpresas que puede deparar la familiaridad con ellos. Contarlos tampoco, debido a que se han multiplicado durante 17 años sin que nadie se ocupara de controlar su natalidad ni su colonización del territorio.

Vigorosos, cercanos y ubicuos, parte primordial de la parentela y, para rematar, miembros también del ejército que deberá enfrentarse a las corruptelas, no calculó Maduro la magnitud de la cruzada, ni los escollos de su realización cuando tuvo la ocurrencia de anunciarla con bombos y platillos. ¿Va a pelear contra el espejo en el cual brilla la imagen de una muchedumbre de camaradas, de hijos legítimos de la revolución bolivariana?

Compraremos palco en el coliseo para presenciar la escenificación dirigida por un César de cartulina, aunque perdamos el precio de la entrada y el tiempo que gastemos ante un espectáculo anhelado, pero imposible. Mientras no se le ocurra una cruzada contra el “hombre nuevo”, que tal vez sería lo más parecido a una Tercera Guerra Mundial Endógena, no nos queda más remedio que esperar la ocasión en la cual diferentes facciones o diferentes batallones de revolucionarios se maldigan y decapiten a la recíproca.