• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los perros guardianes

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Hubo un tiempo, cuando los bolivarianos levantaban esperanzas entre los venezolanos, en que un grupo de abogados fatigó la idea de "limpiar" el Poder Judicial para devolverle a Venezuela una justicia moderna, eficiente y menos clasista. Se apoyaban en una realidad concreta como lo era la existencia de "tribus judiciales" que operaban en los tribunales del país.

De aquellos tiempos apenas queda el recuerdo de unas decenas de jueces destituidos luego de ser investigados y de otros que renunciaron a sus cargos. Todo empezó muy bien, incluso ganaron la batalla de la presencia de los escabinos en los juicios y después salieron al exterior a dictar charlas y conferencias sobre "la experiencia venezolana".

Y hasta allí llegó el tren. El comandante mandó a parar y aquellos jueces investigados y con voluminosos expedientes a cuestas fueron perdonados y ascendidos, incluso se les premió con cargos en el máximo tribunal de la República. Ninguno de los antiguos reformadores y cortadores de cabeza chistó ni se atrevió a denunciar que la marea de basura judicial había crecido y florecido más abundante ahora que en la cuarta república.

Hoy vemos con asombro que Venezuela está a la cabeza de América Latina en cuanto a miembros del Tribunal Supremo que huyen clandestinamente y optan por el exilio para denunciar la corrupción que impera en el Poder Judicial, la manera como el Presidente maneja a su antojo los tribunales y dicta sentencias como si se hubiera graduado de abogado en la universidad. Desde luego, se trata de una pelea entre perros guardianes, a cual más rabioso y sediento de poder y dinero.

Lo más grave de todo es que nadie dentro del chavismo se atreve a denunciar esa situación que decapita cualquier esperanza de llegar a tener una justicia que proteja al ciudadano de los desmanes del poder civil y de los atropellos de la burocracia militar corrupta.

Esto nos lleva a descubrir, no sin cierto asombro, que si bien desde Miraflores se quiere imponer el miedo como una manera de contener las protestas y reducir las alternativas de la oposición, es en el seno de la militancia chavista donde se agrupa la inmensa mayoría de los miedosos de este país. Tiemblan y pierden el sueño sólo de pensar que el comandante les quite el saludo y caigan en desgracia.

Cualquier chavista honesto debería reflexionar sobre las palabras del exmagistrado Eladio Aponte y su documento "autenticado, notariado y apostillado en Costa Rica", en el que revela que la orden de sentenciar a 30 años a los policías presos por el caso del 11-A fue dada por el Presidente de la República: "La orden que expresamente me dio Chávez fue condenarlos de una vez".

La verdad es que dan ganas de vomitar ante tanta basura moral acumulada dentro del poder. Juzgar a unos inocentes y destrozarles la vida y la de su familia, exponerlos al odio público sólo por satisfacer una venganza personal nos demuestra algo más que simple locura.