• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Fuera del perol

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Los ideólogos y propagandistas del socialismo a la manera de Stalin, Mao y Fidel, para solo mentar a los tres reyes magos de la desaparición forzada de todos los males que han aquejado a su países –a través de un absolutismo mediático–, suelen ufanarse de los planes multianuales de la URSS, China y Cuba que, a pesar de los brillantes cálculos teóricos, terminaban en  fracasos estruendosos.
No es de extrañar que un régimen que quiere parodiar, más que imitar, los modelos que sumieron en la miseria a los habitantes de esas naciones, no pueda explicar qué demonios ha hecho con los trillonarios ingresos percibidos en casi 18 años de relajo administrativo.
Es fácil achacar los apagones a la sequía ocasionada por El Niño; sequía que era previsible, pero que los planificadores del socialismo del siglo XXI no tuvieron a bien considerar al momento de elaborar ese catálogo de sandeces que llaman Plan de la Patria. 
¿Cuántas plantas termogeneradoras de electricidad fueron estipuladas en ese programa? ¿Cuántos acueductos y plantas de desalinización? ¿Cuáles fueron los plazos previstos para dar término a obras pautadas por la Corporación Venezolana de Guayana hace dos décadas? ¿Podrá Maduro responder convincentemente a tales cuestiones? No, no podrá porque carece de argumentos.
Hoy, sedientos y a oscuras, los venezolanos se levantan contra lo que es una mofa del régimen rojito. Porque es una burla apoderarse del espectro catódico y radioeléctrico por dos horas para anunciar medidas condenadas al fiasco y que, se sabe, no contribuirán a solucionar los problemas que se multiplican por todo el territorio de la República.
Por eso se multiplican el rechazo y las protestas. Ya los cacerolazos predominan en el ambiente acústico, lo cual, sin embargo, no conmueve a un gobierno incombustible, capaz de seguir agitando banderas y vociferando consignas para librar batallas virtuales contra enemigos intangibles.
¿Cómo espera el gobierno que a los neoespartanos, por ejemplo, no se les agote la paciencia ante el anuncio de que solo una vez al mes será bombeada agua a la isla de Margarita? ¿O que los residentes y trabajadores del municipio Chacao permanezcan impasibles, en  penumbras y con temor a que se les pudra la comida que guardan en sus neveras a consecuencia de una falla eléctrica que tardó más de lo debido en ser subsanada?
La última carta que sacó Nicolás de su manga de incompetente prestidigitador convoca a los trabajadores a rebelarse contra una expropiación de empresas supuestamente suyas, improductivas y abandonadas, que estaría preparando la Asamblea Nacional. ¿Creerá que puede cortar a alguien con semejante vaso de cartón? 
Los que hacen colas no se comen ese cuento. Tampoco los que pasan días sin poder completar la higiene personal por falta de agua, de jabón, de champú, de papel toilet, de pasta, cepillo e hilo dental, de enjuague bucal, de desodorante y, claro, de luz para poder verse en el espejo. Nicolás, mijo, estás apuntando fuera del perol.