• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Una película de terror

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Si algún productor de Hollywood se propusiera hacer una película con inspiración bíblica pero del género de terror, de seguro podría conseguir inspiración en Venezuela. El país se ha vuelto una fuente inagotable de tramas que ya sobrepasan el realismo mágico latinoamericano y tienen elementos más fantásticos y oscuros.

Cualquier guionista encontraría su musa en los problemas que más aquejan a los venezolanos para crear terroríficos personajes. Podría pasearse por el especial de la web de El Nacional en el que retratan, como si de un film se tratara, la gestión del un hombre que se dice sucesor del fallecido presidente pero ha devenido en algo mucho peor. Sin duda que estos personajes espeluznantes podrían tener su réplica en el gabinete presidencial.

Hay que comenzar por el monstruo más horrendo, el que pare muchos otros: el hambre. Esta criatura feroz se ceba en la necesidad del pueblo y lo pone a hacer largas e inhumanas colas para conseguir un kilo de arroz. En los últimos meses la gente consigue menos comida, pero esta plaga engorda cada minuto.

Y un pueblo con hambre es en realidad un pueblo enfermo. Hay generaciones completas que han padecido por 17 años hambre y que son presas del otro monstruo: la enfermedad. No hay una persona en este país que no se haya visto en la necesidad de deambular de farmacia en farmacia buscando un medicamento. Los médicos con vocación indiscutible han tenido la valentía de luchar contra esta criatura, pero van perdiendo la batalla.

Con este panorama, ya la película pinta aterradora, pero aparece entonces otra bestia indomable, la falta de agua. Los venezolanos están siendo sometidos a una especie de tiranía en su cotidianidad que raya en la tortura: todo gira en torno al horario en que ponen el agua. Este monstruo tiene varias maneras de manifestarse y a veces tortura sin piedad por más de dos semanas seguidas a poblaciones enteras que prácticamente mueren de sed.

La criatura del agua tiene un gemelo, la falta de electricidad. Este monstruo tiene como objetivo llevarnos a la era de las cavernas y últimamente ha tomado protagonismo. Ya ni divertimento podrá tener la gente porque ni siquiera podrá ver las cadenas del presidente en televisión. Y hay una bestia, pequeña todavía, que acompaña a la plaga de la falta de luz, pero que tiene la esperanza de crecer y dejarnos incomunicados. El retroceso en las telecomunicaciones avanza rápidamente.

En plena época de oscurantismo hay un monstruo que se come todo a su paso, que se enseñorea por todos los rincones, la inseguridad. No hace falta abundar en sus características, pero hay que acotar que la inacción de la plaga mayor ha hecho que crezca de manera exagerada en los últimos meses y amenaza con tomar el control sobre todos los demás porque su aliada es poderosa, la muerte.

¿Y cómo pueden hacer los venezolanos para pedir auxilio? ¿Quién puede transmitir sus gritos desesperados de angustia? La prensa libre va desapareciendo, porque la plaga de la censura tiene larga vida en este régimen y es su monstruo favorito.