• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un patrimonio en abandono

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Los museos oficiales resguardan la memoria y los tesoros de un país. Sus tesoros patrimoniales. Aquello que los define y testimonia su fortaleza creativa, su historia, su ingenio, saber y conocimientos. Las colecciones de los museos son fuentes vivas de información y conocimientos, y suelen contener naturaleza y obra humana del propio país y de otros que han acopiado y cuidado con esmero los especialistas de una nación que se hace preguntas y busca sentido a su existencia. Una sociedad respetuosa de su historia y su gente tiene en los museos el mayor reservorio de sabiduría para avanzar hacia el futuro. En las pinacotecas está también el legado que, como nación, dejamos a las generaciones por venir.

Pero aquí no. En Venezuela los museos oficiales dejaron de ser eso, en estos tiempos desquiciados, de pillos protagonistas, neófitos enchufados, flojos y mediocres con poder ilimitado y brújulas perdidas.

Cada año, en el Día del Patrimonio Cultural los países dedican esfuerzos a resaltar el valor de cuidar lo que la civilización ha creado en su infinita creatividad y búsqueda de sentido. Y el resto del año lo cuidan.

El Nacional publicó cinco reportajes que fueron una radiografía de los museos oficiales que otrora eran “nacionales”. Fue una mirada con testimonios y datos de nuestra investigación en ese tema que lamentablemente mostró las carencias, el deterioro, el abandono, la falta de iniciativa, y la pérdida de identidad que hoy sufren los que fueron pinacotecas de reconocimiento mundial.

Hay mucho que develar en la triste realidad que ha socavado los grandes templos la modernidad que fueron el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (antes llamado Sofía Imber), el Museo de Bellas Artes, la Galería de Arte Nacional, el Museo de Ciencias, el Museo Alejandro Otero, el desaparecido Museo Jacobo Borges y otros de menos edad.

Todo es opacidad y silencio. Sus funcionarios, los que han sobrevivido a la razia sectaria, temen decir lo que les inquieta o quejarse del estado de abandono en que están esas instituciones.

Sin presupuesto justo, sin autonomía administrativa ni programática, sin juntas directivas ni libertad de acción para buscar aliados y avanzar con criterio propio, sometidos al arbitrario mandato del “gran hermano” que los vigila y decide por ellos desde el Ministerio de la Cultura, los museos dejaron de ser fundaciones de Estado, museos libres, para ser ahora despojos y soledades.

Los artistas, libres y críticos, no tienen cabida en ellos. A esos museos no les está permitido hacer exposición individual de un creador vivo y la investigación en arte dejó de hacerse con libertad. Ya no hay la irreverencia de los jóvenes artistas en los espacios de los museos de arte ni densidad y análisis profundo en la obra de los grandes creadores.

La ciencia no tiene ya la poderosa ventana a la sociedad que fue el Museo de Ciencias. No hay investigación en sus casi 200.000 especimenes y objetos que integran sus colecciones reunidas desde tiempos de Guzmán Blanco.