• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El parao

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Los ríos humanos que ayer inundaron los espacios ciudadanos del territorio nacional, derrochando creatividad y colorido en las pancartas que portaban gentes de todas las edades y de diversos estratos sociales, para “echarle un parao’ a la dictadura”, encendieron aún más las alarmas que advierten a Maduro y compañía que sus falsas excusas y sus mentiras políticas están llegando, como dice el pueblo, al “llegadero”, y que se le ha agotado el tiempo para llamar a un supuesto diálogo de paz y entendimiento.

¿Cómo puede llamar a la paz alguien como usted, señor Maduro, que durante los últimos treinta días no ha hecho otra cosa que lanzar una ofensiva a sangre y fuego contra el pueblo venezolano? ¿Es que acaso su sed de odio y venganza necesita más de treinta muertos, centenares de heridos y torturados, y miles de detenidos para sentir satisfecha sus ansias de venganza?  

Usted y su grupo se apoderaron del país para dar rienda suelta a su reconcomio y convertir la democracia en despotismo, la economía en negocio clientelar y hacer de la venganza, la retaliación y el pase facturas las únicas formas de justicia concebibles en un Estado cuya base económica solo sirve para comprar lealtades externas, mas no para satisfacer las necesidades básicas internas.

Esas masas, al borde de la desesperación, no han cedido, aún, a la tentación insurreccional porque aman realmente a Venezuela y perciben que la resistencia sostenida es una forma de lucha que está dando frutos. Pero toda paciencia tiene su límite.

Ayer no hubo ciudades, grandes o pequeñas, donde no se hiciera sentir la presencia de los indignados ciudadanos que ya han decidido jugarse el resto, a sabiendas de que apuestan contra taimados tahúres.

El pueblo ha comenzado a brillar por su ausencia en las convocatorias oficiales, y no han caído en las trampas que, desde que arreciaron las protestas y manifestaciones, les han tendido los organismos de inteligencia que, con la fría y calculada crueldad típica del castro-estalinismo, buscan crear condiciones para que el Ejecutivo pueda decretar un estado de excepción.

Esa legión que comparten o se disputan el poder –Maduro, Cabello, Ramírez y Jaua– sabe que ya no representan a esa mayoría relativa que se subió al carro del chavismo para constatar, 15 años más tarde, que solo han recibido migajas de una gigantesca riqueza dilapidada, para vender un producto, la revolución socialista y bolivariana.

Un despilfarro que hizo colapsar a la de por sí maltrecha economía venezolana y abrió las espitas de la inflación, la escasez y el desabastecimiento, males que, aunados a la inseguridad, constituyen los cuatro jinetes del Apocalipsis chavista.

Pero ahora ya se acabó lo que se daba y ayer los venezolanos dieron un paso gigantesco y firme para “echarle un parao” y decirle ¡basta! a la dictadura rojita.