• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El papel de Maneiro

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El 16 de septiembre, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, Marco Ruiz, exhortó a Alejandro Fleming, presidente del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), a entregar las divisas necesarias a los medios para la importación de papel. Lo hizo al mismo tiempo que condenaba la práctica monopólica que, a través del Complejo Editorial Alfredo Maneiro, está ejerciendo el gobierno para asegurarse el control absoluto de los canales informativos nacionales.

No fue la sindicalista la única reacción que ha provocado el descaro oficial respecto a la prensa escrita; a lo largo de todo este año, dentro y fuera del país, calificados representantes del quehacer noticioso y defensores de los derechos humanos se han solidarizado con los diarios y revistas nacionales afectados por lo que, en el fondo, es una medida coercitiva que busca doblegarlos para que bajen el tono, o de lo contrario, se vean obligados a cerrar o vender las empresas editoriales.

No existe otro argumento para explicar la reiterada negativa de parte del ente que preside Hugo Cabezas y adscrito al ministerio de Comunicación e Información de proveer de papel a El Nacional, a pesar de haberse realizado a cabalidad y en su totalidad los trámites pertinentes, incluyendo el envío de 4 cartas y 20 llamadas telefónicas a las que no se dio respuesta alguna.

Razón tenían los periodistas David González y María Victoria Fermín al afirmar que, en menos de año y medio, ese centro “se ha convertido en pieza clave de la estrategia informativa y propagandística cuyos voceros ha prometido la implantación de una hegemonía comunicacional en el país”. El complejo, concebido inicialmente para la impresión y edición de publicaciones oficiales, pasó rápidamente a operar en otro nivel y se convirtió en importador exclusivo del insumo fundamental para la existencia de periódicos.

Esa perversión de su naturaleza inicial deshonra la memoria de Alfredo Maneiro, la cual ya fue mancillada cuando con su nombre se designó a una empresa a cuyo directorio se enfrentó constantemente en una lucha que le dio sentido de clase a su movimiento.

Lo escribió José Lira en Tal Cual: “Ha sido extraño el uso de su nombre por parte de Hugo Chávez, no solo en sus discursos sobre supuestos aportes de su pensamiento al proceso en marcha, sino al contrasentido de rebautizar Alfredo Maneiro, por ejemplo, a la Siderúrgica del Orinoco, empresa que él llamaba la mata-hombres”; y, más en relación con el tema editorial de hoy, agrega: “Pero el colmo ha sido el Complejo Editorial Alfredo Maneiro, encargado de tramitar el papel a los medios impresos del país, que ya ha hecho sucumbir a una docena de diarios regionales”.

El régimen está estrangulando a la cada vez más impedida prensa libre e independiente de la nación y, por si fuera poco, contraviniendo de manera incontestable el artículo 58 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, referente al carácter libre y plural de la información.