• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un papa grancolombiano

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Ahora el llamado viene de Roma. Desde la ventana del Palacio Apostólico el romano pontífice nos mira con preocupación y pide el cese de los problemas en la frontera de Venezuela y Colombia. ¿Lo va a escuchar el presidente Nicolás Maduro? Ya tiene trascendencia que un jefe de la catolicidad detenga la vista en un asunto que nos concierne de cerca, pero  ahora la preocupación es expresada por un vicario de Cristo cuya relación con los asuntos latinoamericanos es íntima de veras. 
El que habla es Bergoglio, prelado argentino a quien no se le escapan, desde el comienzo de su carrera sacerdotal, los aprietos de nuestras latitudes. El padre Bergoglio no solo recibe las informaciones que sobre el caso le puede pasar su Secretaría de Estado, sino también lo que conoce por su experiencias esforzadas, por sus vivencias de veterano jesuita lidiando con asuntos parroquiales distintos de los que han debido enfrentar los anteriores pontífices. De allí la importancia de su llamado.
Tampoco hay que olvidar en el marco de esta crisis fronteriza que el papa Francisco llegará el 25 de septiembre a Nueva York, una de las tres ciudades (además de Washington y Filadelfia) que recorrerá en su gira por Estados Unidos. Como es de rigor, Francisco hará una corta visita a la sede de la ONU y se reunirá con el secretario general, Ban Ki-moon.
Sería interesante saber si les alcanza el tiempo para tan solo rozar algo del conflicto entre Venezuela y Colombia, que va para largo. Bastaba con ver la cara de Ban Ki-moon cuando hace poco conversaba con Maduro, para notar que hacía grandes esfuerzos por tragarse tantas mentiras. Y es que si alguien en este mundo está muy bien informado es el secretario general de la ONU y cuesta mucho que crea inocentemente en los embustes del madurismo.
Debe agregarse que en su llamado a la fraternidad venezolano-colombiana el papa Francisco aludió al papel que deben desempeñar las conferencias episcopales. Los obispos son los pastores cercanos, a quienes el papa ha pedido que se involucren cada vez más en las vivencias más acuciantes de la feligresía, que se acerquen a los humildes, que se hagan realmente imprescindibles como sucesores de los doce apóstoles. 
Y los obispos han escuchado el mensaje: trabajan más cerca de la gente, en comparación con el pasado. Así han recuperado la confianza de los pueblos, no en balde cada día sus mensajes y la mayoría de sus documentos formales se ocupan de las miserias y de las injusticias cotidianas.
¿No hay miserias e injusticias en el doloroso asunto de la frontera que separa a Venezuela de Colombia? De allí la trascendencia de la exhortación de Francisco, y del papel que tendrán las conferencias episcopales de los dos países en la atención de una diferencia sobre la cual llueven las críticas, pero sobre la que también debe pensarse con esperanza. El señor Maduro no debe olvidar, aparte de lo que aquí se ha dicho, algo esencial e ineludible: el venezolano y el colombiano son pueblos primordialmente católicos.