• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Un país para querer

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Con frecuencia escuchamos a gente afirmar que todo tiempo pasado fue mejor, sin estar consciente de que hace alusión a un verso de Jorge Manrique y sin saber a ciencia cierta dónde radica la superioridad de lo pretérito. Tal vez se trate de añoranza, quizá, como sostiene Ernesto Sábato, de haber olvidado las cosas malas que sucedieron, pero de algo debemos estar seguros: si ocurrieron buenas cosas o si fuimos felices, difícilmente sepultaremos el pasado en el olvido, sobre todo si vivimos un presente de pesadilla y sin certeza de futuro.

En manos de los facinerosos y advenedizos que, improvisando una revolución sobre la marcha, se apoderaron del país con la promesa de un edén socialista para poblarlo con el hombre nuevo -y la mujer nueva, suponemos- se eliminó de los textos escolares todo referencia a lo constructivo y progresista que aportó la civilidad democrática a una forma de convivencia, gracias a la cual los golpistas de talante autoritario, y oportunistas y aventureros de diversa catadura pudieron acceder al poder sobre la premisa de que el futuro lo podían inventar ellos.

Lo cierto es que tras quince años de padecer el experimento bolivariano, los venezolano estamos comenzando a mirar atrás para caer en cuenta que, como dicen algunos con dejo de irónica autocrítica, éramos felices y no lo sabíamos. Es verdad que se vivieron tiempos difíciles en las cuatro décadas de gobiernos democráticos, plagado de defectos, pero con algunas notables virtudes, entre otras cosa, porque quienes hoy detentan el poder, intentaron deponerlos mediante la violencia.

Sin embargo, con regímenes articulados por la continuidad administrativa, la nación desarrolló sólidas instituciones, avanzó en materia de soberanía de sus recursos naturales, desarrolló y masificó la educación de forma superlativa y sentó las bases para la creación de un estado moderno y descentralizado en busca de la perfectibilidad democrática.

No abogamos en estas líneas por una nostálgica vuelta al pasado. Sería una imbecilidad de parte nuestra, pero sí que queremos invitar a nuestros lectores, a colocar en una balanza sus recuerdos pasados y sus vivencias actuales. Cómo era salir de compras, ir al cine, viajar a Margarita o al exterior, subir al Ávila, bajar a la playa o asistir a fiestas sin tener que estar preocupados por contingencias no más grave que el pinchazo de un caucho.

Pensemos cómo ahora esas actividades se dificultan en extremo porque las tiendas están desabastecidas, los cines han sido confinados a los centros comerciales, los aeropuertos son un desastre, las divisas están controladas, las autopistas son ferias de huecos y, por donde quiera que nos movamos lo hacemos con la espada de Damocles del hampa pendiendo sobre nuestras cabezas.

No estamos glorificando lo que fue y lo que vivimos, pero sí deseamos que Venezuela vuelva a ser un país para querer y no un cuartel lleno de ladrones y enemigos.