• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Brasil mañana

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oy sabremos sobre quién recaerá el triunfo y la responsabilidad de gobernar a Brasil en el próximo cuatrienio, aunque desde hace meses la campaña misma señala desafíos que quien llegue al poder deberá enfrentar. 

Por aquí, hay unos apostando por la continuidad del gobernante Partido de los Trabajadores, a doce años de que Lula da Silva asumiera el poder en la oleada de gobiernos que se autodefi nieron de izquierda y proclamaron su agenda social; otros apuestan por la alternancia que lleve nuevamente al Partido de la Social Democracia Brasileña al gobierno, a doce años de que Fernando Henrique Cardoso terminara su segundo mandato presidencial y dejara abierto el camino para la recuperación económica y los programas sociales. Han transcurrido tres períodos constitucionales de muchos cambios para Brasil, como se hizo visible en la campaña electoral de la que resultó un Congreso muy fraccionado y la necesidad de dos vueltas para el cargo presidencial, a cual más beligerante en su tono y cambiante en sus proyecciones. 

De producirse la reelección de Dilma Rousseff, la cuesta que tuvo que remontar en esta campaña para recuperar y ganar apoyos debería haberla persuadido de que hay muchos cambios que debe impulsar para mantener los logros sociales y políticos de su gobierno y el de su predecesor. De ser Aecio Neves el triunfador, esa misma cuesta debería haberlo convencido de lo que debe continuar para poder introducir los giros políticos y económicos que propuso en su programa, enriquecido con el de Marina Silva. 

La campaña fue dura, llena hasta el último momento de denuncias infundadas y ataques personales, que tanto disminuyen, por cierto, la imagen de estadista que en alguna medida había cultivado Lula. Pero también hubo diagnósticos bien fundados sobre los pies de barro de la potencia emergente, con visible lugar para la corrupción, el tamaño del Estado, las disfuncionalidades del Congreso, el vulnerable sistema de partidos y representación, las reformas políticas pendientes, la vocación y actitudes hegemónicas del Partido de los Trabajadores y la desaceleración del crecimiento de la economía mientras aumenta la infl ación. 

Un asesor cercano al ofi cialismo brasileño dijo "No va a suceder una Venezuela en Brasil. No hay posibilidad de una división del país. Las cosas se acomodarán después de los comicios." Aparte de la pobre imagen que así se registra de nuestro país, a esos acomodos habrá que prestarles mucha atención desde mañana, porque sea cual fuere el ganador, cerca de la mitad de los votantes brasileños habrán apoyado un programa diferente, un modo distinto de atender los problemas del país. 

Sería antidemocrático desatenderlos, y mucho más descalifi carlos y ofenderlos. Sería también una inconveniente siembra de ingobernabilidad en el país reconocido como la séptima economía mundial, potencia emergente y, no menos importante, por ser una democracia. La cuesta continúa, la del país, mañana mismo.