• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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En la olla nada queda

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La suspicacia que existía sobre las competencias de Chávez y su equipo para gestionar una administración decente en lo político y saludable en lo económico, se transformó rápidamente en convicción de que ni el comandante ni sus ministros tenían idea de cómo gobernar. Era lógico: formado para recibir órdenes con la esperanza de que algún día emanaran de su voluntad, el ahora astronómicamente eterno pensó que el país podía manejarse como un teatro de operaciones, que la infl ación podía combatirse por decreto, que bastaba un edicto mirafl orino expropiando fundos y fábricas para que aumentase la producción de maíz o se ensamblasen más carros o se produjese más jabón o papel higiénico. Cuando se le hizo evidente que carecía de dotes gerenciales y que su discurso no era precisamente el que se espera de un estadista, encomendó la política a los cubanos, las fi nanzas a los chinos y la defensa nacional a los rusos.

Creyendo que delegar esos asuntos en tales vivianes resolvería problemas que distraían su tiempo, se dedicó, porque el maná petrolero se lo permitía, a hacerse de un liderazgo internacional, mientras el país entraba en estado cataléptico, afectado por males como la escasez y la infl ación. Sin embargo, mientras hubo real se pudo disimular, a punta de importaciones, la enfermedad. Paralelamente ­ unos terrenos por aquí, unas minas por allá, unos pozos petroleros acullá ­ se inició un proceso de alquiler, pignoración y venta de tierras y recursos naturales para avalar los cada vez más desmedidos compromisos fi nancieros de la nación, potenciados por una recurrencia electoral basada en el clientelismo más desfachatado. Así, se entregaron en el Zulia millares de hectáreas a los rusos para que sembraran topochos y se autorizó (en secreto) a los iraníes para que buscasen, el sur del país, minerales para su programa nuclear. Y estos son, apenas, dos eslabones de la cadena de licencias concedidas a países cuyas tecnologías no destacan por innovadoras ni sus reputaciones por cumplir a cabalidad con sus promesas.

Con el advenedizo liderazgo de un heredero impuesto a contramano de la sensatez, las carencias nacionales se multiplicaron y, como ha quedado palmariamente comprobado con le crónico desabastecimiento que puso al país en cola permanente, no hay manera de satisfacerlas. Con una elecciones encima, cuya realización ha comenzado a estar en veremos, el régimen encabezado por el sedicente presidente obrero y los jefes del Parlamento, el ejército y la familia Chávez, está pasando raqueta a paso de vencedores; en marzo, se supo que negociaba, con la banca de Wall Street, el canje de parte de reservas internacionales en oro por cerca de 1.500 millones de dólares; hace unos días retiró, del FMI (y que para fortalecer las reservas internacionales), por segunda vez en lo que va de año, otro millardo y medio de los verdes; como, al parecer lo obtenido por estas vías es insufi ciente, Pdvsa vendió una refi nería en Estados Unidos para "salir de activos no estratégicos". ¡Patrañas! Se acabó lo que se daba, se necesitan cobres para bozalear con arepa a los votantes y en la olla casi nada queda por raspar.