• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los niños presos

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La grave crisis política y social que vivimos los venezolanos desde hace ya casi tres meses ha venido sumando, día a día, cifras sobre personas heridas, golpeadas y presuntamente torturadas, además de decenas de detenidos sin fórmula de juicio, hechos que, por su propia naturaleza, no son nada alentadores para lograr una solución justa al conflicto. Uno de los hechos que más llama la atención es la manera brutal y abusiva con que los cuerpos policiales arremeten contra los jóvenes adolescentes que solo reclaman el derecho de tener una vida digna.

Según Cecodap, una organización que se dedica a la atención de estos jóvenes, hay 39 menores de edad que han sido detenidos por estar supuestamente involucrados en las protestas. Se trata de una cifra alarmante sobre todo porque estamos hablando de niños y adolescentes que deberían estar en su hogar y no en una celda en compañía de delincuentes.

Es claro que la terrible situación económica y social que vivimos los venezolanos nos arropa a todos, incluyendo a nuestros hijos y nietos. Pero también debe estar muy claro para los militares y los policías que no todo niño o adolescente que va por la calle es un agitador o un terrorista.

En todo caso, si algunos de ellos decidieran participar en estos hechos demostrando una gran valentía (arriesgándose a las palizas policiales) tampoco los convierte en delincuentes porque, como bien lo demuestra la historia, la juventud siempre ha luchado por tener una vida digna.

El régimen decidió mandar preso a todo el mundo, incluyendo a estos jóvenes que solo piden vivir en libertad como se lo cuentan sus padres o abuelos, y se han empecinado en una gran lucha que nos trae a la memoria la generación del 28 o los que lucharon contra la dictadura de Perez Jiménez.

Pero la historia nos recuerda que antes no existía la Ley de Protección a los Niños y Adolescentes, ni una nueva Constitución que les da a los niños y adolescentes los mismos derechos que todos los adultos tenemos. Por eso expresar nuestras ideas y protestar pacíficamente por las cosas que no estamos de acuerdo, no solo es un derecho que nos da la ley, sino que además la Constitución lo permite y los niños y adolescentes están allí incluidos.

Nuestro jóvenes y estudiantes le están dando una lección al país de cómo se manejan estos conflictos, han dejado a un lado la Lopna y se han dedicado a salvar el país. Sin duda una noble tarea aun y cuando nuestros jueces, fiscales y defensores públicos se hayan unido al grupo que los criminaliza por el solo hecho de luchar por sus ideales.

Que se criminalice la protesta de adolescentes y estudiantes es solo una muestra del totalitarismo en que vivimos, con un Poder Judicial arrodillado ante el Ejecutivo que les ordena lo que deben hacer. Equivocados o no, estos muchachos luchan por su futuro.