• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La narcocracia en la picota

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El narcoescándalo que sacude a Venezuela (el Floresgate) a pocos días de las elecciones pautadas para el 6 de diciembre, dice mucho sobre la verdadera fortaleza de la democracia en América Latina. Por una parte, la reacción de los países pertenecientes al clan de la Alba, la mayoría con graves problemas internos por culpa del crecimiento imparable del narcotráfico, ha sido moverse como un grupo blindado hacia un único objetivo: salvar a Maduro por encima de todas las cosas.

No es una tarea fácil porque el prestigio de Nicolás está por los suelos y, a duras penas, llega boqueando a la fecha de las elecciones, asediado por una profunda crisis económica y por las constantes manifestaciones de protestas de los sectores populares que antes le eran afectos. Cada día que pasa el desesperado mandatario nacional teme despertar y enterarse de las duras noticias que indican a las claras que el país ha entrado en la antesala del caos, en la indisciplina general y en el sálvese quien pueda.

Como es lógico, nadie desea llegar a este enloquecido estado de cosas que hace temer lo peor. Los venezolanos desean hoy más que nunca recobrar la serenidad, salvar la democracia y enderezar con firmeza el rumbo económico del país. Pero el deterioro institucional solo genera más miedo y desconfianza en la cúpula cívico militar que nos ha llevado al borde del precipicio. Es necesario, pues, un drástico cambio de rumbo, un golpe de timón que busque de inmediato otra ruta más prometedora y nos permita alejarnos de esta interminable selva de fracasos.

Maduro ya no cuenta con el apoyo incondicional de los países de América del Sur, como lo indica la tibia posición de Colombia y Panamá. Además, Brasil toma distancia ante una tragedia económica que se le viene encima si Venezuela deja de cumplir sus compromisos con las grandes empresas brasileñas, endeudadas a más no poder por las trapisondas del tahúr Lula, el obrero, el líder sindical, el nuevo profeta de los sindicatos que engañó vilmente a su pueblo.

De parte de Argentina poco puede esperar Nicolás: ante la rotunda posibilidad de triunfo de Macri, el madurismo pierde un aliado importante, ya que Cristina Kichner era experta en entuertos y ávida en la adquisición de petrodólares para su fortuna personal.

Chile, por otro lado, ha avanzado paso a paso hacia un distanciamiento con Maduro que no deja lugar a dudas.

Hasta la misma Cuba, en fase de noviazgo con Obama, está harta de tantos errores y torpezas del grupo que encabeza Nicolás y Cilia porque cada vez que dan un paso no hacen sino enturbiar el agua en la relación con Estados Unidos. Olvidan que para Cuba el principal objetivo de su diplomacia es casualmente la Casa Blanca.

Por si fuera poco, Maduro ha terminado por pelearse con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien ayer reafirmó  los conceptos expresados en la carta enviada a la presidente del CNE, Tibisay Lucena, en la que manifiesta preocupación por las irregularidades cometidas en el proceso electoral.