• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El mundo que nos mira

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El interés mundial ante las elecciones presidenciales venezolanas aumenta a medida que se acerca el 7 de octubre.

El presidente y candidato Hugo Chávez ofrece profundizar y hacer irreversible su plan de modo que, incertidumbres humanas mediante, daría continuidad a la política exterior con la que, al fin y al cabo, pragmáticos y recelosos han encontrado su modus vivendi. Y respecto al retador de la unidad democrática, Henrique Capriles Radonski, lo que se busca anticipar desde afuera es cuánto y de qué modo se verán afectados los intereses de tirios y troyanos.

En realidad el tema esencial es otro, lo es para nosotros los venezolanos como debería serlo para el resto del mundo.

La cuestión es ¿por qué se ha fortalecido y qué significa la opción del cambio de rumbo para nuestro país, para su armonía social, autonomía, desarrollo económico y seguridad en todas sus dimensiones, desde personal hasta jurídica? Sólo desde allí puede entenderse a cabalidad lo probable y positivo de un nuevo gobierno, comprenderse la importancia de lo que ya comenzó a suceder en nuestra casa, puertas adentro, y lo que desde aquí se reflejará hacia afuera.

El desplazamiento del discurso y la actitud de guerra interior por el mensaje y la franca disposición al acercamiento y la inclusión de todos los venezolanos se proyectará naturalmente en una política exterior que, en lugar de fragmentar, contribuirá a integrar empeños, que en vez de aliarse con la violencia, la deslegitimará y se fortalecerá en la construcción de confianza.

Una sana comprensión de lo que significa la soberanía, que no desprecie la autonomía personal, no irrespete el pluralismo ni la obligación de rendir cuentas, protegerá desde la democracia los genuinos valores e intereses de Venezuela y se traducirá en una actitud gubernamental cuidadosa y responsable de sus compromisos internacionales, ante propios y extraños.

No es sana ni sostenible la gestión económica que nacionalmente ha destruido oportunidades de prosperidad mientras destina nuestros recursos a intercambios, convenios y proyectos de cooperación inescrutables. El tránsito hacia un manejo inteligente y transparente de la economía venezolana conllevará relaciones con otros países mutuamente respetuosas y beneficiosas y, por tanto, estables.

El cambio de un Estado institucionalmente agrietado hacia uno en el que, para resumir, el gobierno sea el primero en cumplir y hacer cumplir la Constitución, las leyes y los procedimientos institucionales, hará de Venezuela un país más seguro para los venezolanos y propiciará una política exterior de Estado, como tal, legítima y de fiar para todos.

Sí, la trascendencia de las elecciones presidenciales venezolanas deriva, en primero y principalísimo lugar, del efecto positivo que para la vida de los venezolanos, aquí en casa, ofrece la opción democrática. A nosotros corresponde cuidarla y hacerla respetar. Lo demás vendrá y se hará sentir por añadidura.