• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Hasta José Miguel Insulza ha dejado oír su voz para condenar las descalificaciones a los ex presidentes latinoamericanos que visitaron Caracas, y algo más. El secretario general de la OEA también dijo que el principal problema venezolano son los derechos humanos y pidió la liberación de Leopoldo López y demás presos políticos.

Así de grandes son ya las grietas de la coraza con que a lo largo de tres lustros se cubrió y fue encubierto el gobierno venezolano. No se trata solamente del desgaste de la retórica, los medios y las estratagemas persuasivas y amenazantes de la petrodiplomacia. Es que ya es inocultable el derrumbe material, institucional y moral de un régimen que agotó los repertorios para el disimulo.

En el conjunto de reacciones internacionales de los últimos días es de destacar la del gobierno de Colombia en su reclamo de trato digno al expresidente Andrés Pastrana y, especialmente, en sus expresiones a favor de la pronta liberación de Leopoldo López. La cancillería colombiana, que no suele dar puntada sin dedal, manifestó de ese modo, sin lugar a dudas, cambios de fondo en el trato del gobierno de Juan Manuel Santos al gobierno venezolano.

Como han advertido respetados analistas, en este giro pesan en lo inmediato los avances en las negociaciones de paz con la guerrilla en La Habana (en los que Venezuela fue siempre asistente logístico, nunca estratégico), el deterioro cuantitativo y cualitativo del comercio con Venezuela, el ineficiente y corrupto manejo del problema del contrabando en nuestro lado del mapa junto al maltrato a las poblaciones fronterizas, las restricciones a las remesas y una relativamente silenciada, pero persistente, facilidad para ilícitos.

El derrumbe de los apoyos u omisiones internacionales que daban margen de maniobra al gobierno de Nicolás Maduro deja ver ahora, con implacable claridad, un legado terrible. Cada día son más evidentes los costos y riesgos extremos a los que fuimos quedando expuestos los venezolanos mientras el gobierno armaba su peculiar coraza, sus opacas alianzas.

Por eso, lo que ha venido ocurriendo respecto a Colombia no es solo de interés como muestra del desgaste de las estratagemas del gobierno venezolano en sus planes de consolidarse internamente y en sus desbocados afanes geopolíticos.

Mucho ha sido el daño hecho, fronteras adentro, desde aquella declaración de voluntad de 1999 de tratar directamente con la guerrilla, hasta la penetración de nuestro país por grupos guerrilleros, paramilitares y narcos; desde la ruptura con la Comunidad Andina, hasta el costoso desplazamiento a otros mercados de donde importarlo casi todo; desde la trabajosamente construida agenda de acercamiento y concertación con Colombia, hasta el conflicto o, en el mejor caso, hasta un superficial y opaco acomodo pragmático.

No basta pues contentarse con señales internacionales de cambio, hay mucho daño hecho al país y peligros muy presentes de los que ocuparse rotunda y urgentemente.