• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Con la muerte al lado

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No hay un día en Venezuela en que la prensa no dé a conocer algún tipo de delito de alto vuelo, es decir, que exija al hampa el conocimiento y la experiencia para llevar a cabo sus fechorías a plena luz del día o en altas horas de la noche sin correr mayores riesgos. Secuestros express, robo masivo de vehículos en estacionamientos comerciales, asaltos y atracos en serie, asesinatos por encargo, venta de droga al mayor y al detal, manejo a gran escala de la prostitución y de la consecuente ³protección² policial para que las jóvenes no pongan en riesgo su vida al ejercer su trabajo.

Se trata pues de una de las tantas manifestaciones públicas del crimen organizado que, como es lógico suponer, mueve ingentes cantidades de dinero que nadie, por competente que sea, puede llegar a contabilizar con cierta exactitud. El hecho adquiere dimensiones trágicas cuando se descubre que tras la gran mayoría de los delitos existe una conexión con miembros de los cuerpos policiales cuya labor fundamental debería ser proteger a los ciudadanos, velar por la integridad de sus vidas y de sus bienes.

Desde hace más de quince años se han tratado de reorganizar los diferentes organismos policiales, se ha convocado a reuniones especializadas, se han presentado planes y proyectos, hasta que finalmente se inventó una Policía Nacional  Bolivariana, que según la propaganda del gobierno estaría formada en su mayoría por jóvenes bien entrenados, no solo en las modernas fórmulas policiales sino que se les inculcaría el estricto respeto por los derechos humanos de acuerdo con la nueva Constitución, así como los tratados y convenciones internacionales a los cuales Venezuela se había adherido en los últimos años.

El policía socialista, el hombre nuevo, el amigo del pueblo, como lo decía a voz en cuello el comandante galáctico, nada tendría que ver con el antiguo representante de la ley acostumbrado a maltratar a los detenidos, disparar contra los civiles desarmados y andar por allí agarrado de la mano con los delincuentes asociados en negocios sucios. Para el gobierno socialista todo lo del pasado era malo, corrupto y había que transformarlo. Pero hasta hoy estamos esperando al policía socialista, amigo del pueblo.

Así como no pasa un día sin que el hampa nos acorrale y ataque por todas partes, de igual manera no pasa un día que capturen a dos o tres ³policías socialistas² extorsionando a un comerciante o participando en el secuestro del dueño de un negocio más o menos próspero. A este paso nos será difícil reclutar nuevos policías porque, a la velocidad del rayo, se pasan al enemigo.

Veamos otro ³ejemplo² igual de cercano: la Guardia Nacional Bolivariana se ha convertido en algo más peligroso que comerse una hallaca cruda. La fiscal Luisa Ortega Díaz  reveló a la prensa que ³unas 232 personas, entre ellas 15 militares, fueron detenidas por estar implicadas en supuestas actividades de contrabando². Añadió que ³uno es capitán y otro teniente, y el resto son sargentos y cabos². Dios nos ampare.