• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Cuál moderación?

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Hizo bien a la unidad democrática que el gobierno de Maduro se prodigara en celadas, trabas e interdicciones para tratar de impedir lo que ya es historia; mucho, muchísimo bien, porque, como asentó Séneca -que desempeñó altos cargos en los mandatos de TiberioCalígulaClaudio y Nerón– “vencer sin peligro es ganar sin gloria”.

Si de algo puede ufanarse la oposición es de haber alcanzado una gran victoria en una asimétrica contienda en la que el contendor tenía a su disposición la hacienda pública y todos los recursos técnicos y mediáticos que la revolución ha confiscado para uso y abuso exclusivo del partido de gobierno.

Sin embargo, tal hazaña no ha envanecido a sus protagonistas, los cuales han manifestado su rechazo al revanchismo, la venganza y otros actos viles que de modo obsceno la legislatura presidida por un obtuso y primitivo capitán utilizó hasta el cansancio contra quienes no comulgaban con sus deseos.

Y está muy bien que la nueva mayoría que ha de controlar el congreso –y que ocupa las curules suficientes no sólo para investigar, interpelar y censurar ministros– haya hecho pública su inclinación a la prudencia y al entendimiento.

Lo que no está nada bien es que haya voces que, confundiendo el gimnasio y el magnesio, exijan perdones e indultos por anticipado en nombre de una reconciliación mal entendida. En su prédica conciliadora, los defensores de la otra mejilla pretenden que se confinen en el saco del olvido el peculado, el enriquecimiento ilícito, el narconegociado, el tráfico de influencias y otros obscenos modos de corrupción que han causado un considerable daño moral y patrimonial a la República.

Los venezolanos han puesto en manos de la legislatura que se estrena en enero un claro mandato para que sus representantes se fajen cual quijotes a deshacer los entuertos con los que la revolución ha desmantelado el aparato productivo y colocado a la ciudadanía al borde de un hambruna inexplicable en el país que posee las mayores reservas petrolíferas del orbe. Hay algo de cierto en eso de que quien sabe administrar el triunfo es dos veces vencedor, pero sería ingenuo gestionar las ganancias con criterio de perdedores.

No se puede emplazar a la MUD para que sus diputados actúen como hermanitas de la caridad y perdonen a los pecadores porque todos somos criaturas del Señor. Es inadmisible tal actitud ya que estarían faltando a su compromiso con los electores y desatendiendo sus obligaciones constitucionales, sobre todo si se tiene en cuenta que desde ya se procura torpedear la acción legislativa con declaraciones fuera de lugar como los de Maduro –“No aceptaré ninguna ley de amnistía”– y el saqueo de sus bienes por parte del Don Vito, el diputado de Monagas.

Hay que pensar en el mañana, sí; pero no es posible hacerse la vista gorda con la tropelías cometidas hasta ayer no más por el alto funcionariado rojo, más no por el ciudadano chavista de a pie, honesto y trabajador. ¿Borrón y cuenta nueva con la cúpula rojita? ¿A cuenta de qué?