• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Otro modelo cambiario

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Pasan las semanas, los meses y hasta los años, y la cuestión medular para la economía de los venezolanos, de la inviabilidad del régimen cambiario vigente, sigue sin encontrar una solución. Al chavismo-madurismo se le ha metido en la cabeza que la necesidad de modificar el modelo cambiario actual, causa primordial de la inmensa mayoría de las deformaciones económicas, es un interés exclusivo de las empresas.

Miopía y frialdad propia del giordanismo controlador, la inflexibilidad ideológica le impide percatarse de que somos los ciudadanos comunes y cada vez más empobrecidos, las principales y más numerosas víctimas del modelo, afectados por la escasez, el contrabando, el debilitamiento de las empresas, la pérdida continuada de empleo de calidad, entre otras consecuencias.

Pero la realidad del bolívar sobrevaluado no aturde solo a los ciudadanos: también representa una dificultad insalvable para las inversiones extranjeras. Hasta los esfuerzos de Petróleos de Venezuela, asediada ahora mismo por la urgencia de revertir la caída de la producción petrolera, se topan con esta dificultad. ¿Puede la economía venezolana continuar esperando por estas inversiones? La respuesta es obvia: no puede. No debe seguir esperando, mientras el horizonte de los ingresos hacia el año 2014 se llena de sombras e incertidumbres.

No se toma la decisión de cambiar el modelo de inflexibilidad cambiaria del giordanismo, por muchas razones. Porque dentro del propio gobierno no hay unanimidad alrededor de una solución. Porque se le teme a las consecuencias políticas (tal como le temieron en su momento Rafael Caldera, Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez). Porque cualquier modificación del modelo podría impactar en el resultado de las elecciones. Etcétera. Y, mientras tanto, a ritmo implacable, el país se empobrece.

El reportaje de Andrés Rojas Jiménez, que hoy se incluye en nuestras páginas, plantea la posibilidad de un modelo cambiario distinto para las empresas extranjeras, socias de Petróleos de Venezuela, que hagan nuevas inversiones en el país. Rafael Ramírez tiene por delante un reto formidable: convencer a Jorge Giordani de la necesidad de flexibilizar el modelo, es decir, de devaluar la moneda que, como si fuese un chiste de mal gusto, hace algún tiempo fue anunciada como el “bolívar fuerte”.

Si las diligencias de Petróleos de Venezuela resultasen afortunadas, de allí se derivaría una cuestión crucial: ¿ese trato preferencial, un dólar que al cambiarse genera más bolívares, sería exclusivo para las empresas extranjeras que inviertan en Venezuela? ¿Y los empresarios venezolanos, acaso serían excluidos de ese beneficio? ¿Y qué decir entonces de las inversiones necesarias en otros sectores esenciales de la economía como, por ejemplo, las industrias de alimentos y bebidas, medicamentos y equipos médicos, automotriz y de repuestos de automotores, química y derivados, maquinaria agrícola y maquinaria pesada, metalúrgica y de insumos para la construcción? ¿Volverá a ocurrir que el gobierno toma una medida que favorece al capital extranjero en desmedro de la producción, la generación de empleo y la industria local?