• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El mito de los militares

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Luego de atravesar en solitario el mar de la frialdad y de los desaires, la democracia venezolana toma un nuevo y fructífero rumbo en la escena internacional. Sobre todo después de cometer el trágico error de combinar el oportunismo político con el aventurerismo de un grupo de militares que, en el fondo, sólo buscaban asaltar el poder y acumular fortuna al estilo de los viejos caudillos del siglo XIX.

En sus desaciertos y arbitrariedades, esta alianza cívico-militar compuesta por ignorantes y ambiciosos de toda laya logró hacer retroceder el país y lo sumió en la oscuridad y el odio, al punto de que hoy en Venezuela la concordia, el entendimiento y la paz son los objetivos puntuales para en el futuro próximo cuando, en sana lógica, el reto natural debería ser el de profundizarlos, mejorarlos y perfeccionarlos para el bienestar público tal como indica la marcha de la democracia a escala mundial.

Esta desgracia histórica que ha ocurrido en nuestra nación no sólo es una lección que no debemos olvidar por su rudo carácter arbitrario y vejatorio de los derechos de los ciudadanos, así como su intrínseca violencia contra la libertad y la democracia, sino que debe ser objeto de estudio y análisis para conocer más en profundidad la persistente irracionalidad que ha dejado al descubierto que, a pesar de las innumerables derrotas del comunismo y el fascismo en el mundo, todavía queda en la sociedad moderna un lugar amplio y oscuro para la crueldad, la ambición desmedida y el enriquecimiento ilícito.

Lo extraño y lo más sorprendente es que la historia y los sucesos irracionales que le acompañan en ese rumbo tortuoso carecen, al parecer, de un antídoto que proteja a la sociedad con eficacia y duración. Cada cierto tiempo, por desgracia, aparecen en el escenario político líderes y modelos de sociedad que prometen curar los males que anidan en sus países y que, a falta de un pensamiento de avanzada, recurren a los viejos y malos ejemplos del pasado. Creen que si se abandonan los avances democráticos y se reprimen los derechos humanos y con ello la libertad, las dificultades desaparecerán por arte de magia.

En su discurso errático priva la ignorancia, la mentira repetida y las promesas más absurdas que un ser humano medianamente informado rechazaría de plano. Pero para sorpresa y miseria del conocimiento logran no sólo fructificar sino expandirse en insólitas alianzas que, en sí mismas, sólo funcionan como un mecanismo de protección para estos alucinados ineptos y adictos a la proliferación del engaño a gran escala.

Que un militar indolente, huérfano de moral y escasamente formado en el conocimiento de la responsabilidad de gobernar intente cambiar, en el transcurso de su locura, el rumbo de un país y use para ello la vuelta a lo rural como “ejemplo de vida sana y tranquila” sólo nos indica la debilidad de su proyecto y la imbecilidad de sus soluciones. Pero en ese abismo de la idiotez hemos caído y nos hemos arruinado como un borracho que despilfarra una herencia millonaria.