• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los 50 millones

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Cuenta y recuerda el escritor cubano Leonardo Padura Fuentes (vive en La Habana y ello le da más vigor y valentía a sus palabras) en una de sus novelas “la historia fracasada y convenientemente olvidada de los F-1, las reses del milagro pecuario-socialista cubano, un animal perfecto que se lograría a través del aparejamiento de ejemplares escogidos de la raza Holstein holandesa y gran productora de leche pero sin abundancia de carne, y la Cebú, tropical y poco dada a la acumulación de leche en sus tetas aunque excelente proveedora de bistecs”.

En poco tiempo se lograría que “en una sola res hubiera leche y carne en abundancia”. Lo peligroso, dice Padura con ironía, era que la isla pudiera sufrir inundaciones lácteas o que cada cubano muriera atragantado por un filete, o sufriera de altos niveles de colesterol y ácido úrico. Nada de eso ocurrió desde luego. Más bien, con la desintegración de la Unión Soviética la mantequilla y la leche se evaporaron al igual que todas las mentiras socialistas, como aquella del Gran Gasoducto del Sur inventada por el fallecido en sus memorables peroratas por cadena de radio y televisión.

Del gasoducto del Sur ya nadie se acuerda y de la famosa vaca F-1 inventada por Fidel Castro cuando ya empezaba a perder la razón sólo quedan los chistes que el humor habanero no se cansa de repetir cada vez que alguien les viene con un embuste de marca mayor.

Todo esto viene a la memoria porque ayer, cuando el gobierno socialista bolivariano anunció que iba importar 50 millones de rollos de papel higiénico, los venezolanos entendieron perfectamente bien que las revoluciones socialistas no son en el fondo sino imparables diarreas mentales que terminan no sólo enflaqueciendo y dejando en el hueso a la mayoría del pueblo (y no a sus líderes) sino privándolos hasta del humilde papel higiénico que la modernidad ha puesto a su disposición para facilitar la limpieza de sus partes pudendas.

Seguramente la idea de importar 50 millones de rollos de papel sanitario obedece a una idea del ministro Merentes que, matemático al fin, hizo un cálculo de las veces que va al baño un venezolano, cuantos centímetros usa en total para quedar más o menos limpio en la zona en cuestión y el costo por unidad, transporte a Caracas y al interior, pago de comisión en la aduana y el regalito para el GN de guardia.

Y demos las gracias que el fallecido está en el cuartel de la montaña, porque si no nos hubiera recomendado el antiguo sistema que se usaba en Sabaneta que, por consideración a nuestros lectores y apego a las buenas costumbres, nos privamos de revelar.

Lo asombroso es que en el resto del mundo estén almacenados y listo para ser embalados y exportados a Venezuela 50 millones de rollos de papel higiénico: resulta que el país con las más grandes reservas de petróleo del mundo no tiene con qué limpiarse a la hora de ir al baño. Y eso que, por fortuna, existe escasez de alimentos.