• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El martirio de una madre

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Solo una madre sabe que cuando su hijo llora desesperadamente todo indica que es hora de actuar de inmediato, que no se puede sentar a esperar que llegue un soplo inesperado de esperanza. La indefensión del ser humano a temprana edad hace que los padres respondan con prisa y angustia ante cualquier necesidad del niño. Es lo lógico, lo humano, lo que nos dicta el sentimiento, y esa sensibilidad se traslada a cualquier infante, como dijo Andrés Eloy Blanco: cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo.

Lo extraño es que haya personas en este gobierno socialista que no son sensibles ante el dolor de un niño y prefieren refugiarse en la mentira y la negación para no dar la cara y asumir sus responsabilidades. Son burócratas que ocupan una lujosa oficina, se trasladan en una inmensa camioneta negra (símbolo del poder chavista) y almuerzan rodeados de amigos y escoltas, más tres celulares por si los llama Maduro.

En este gobierno este tipo de burócrata constituye la mayoría, gente egoísta sin la menor muestra de solidaridad con aquellos que no sean militantes de su partido. Ante el resto de la población desprotegida se hacen de oídos sordos.

El lunes las madres de niños con cáncer que están bajo tratamiento en el hospital de niños J. M. de los Ríos, en su desesperación, decidieron protestar en la calle por algo muchísimo más grave que un simple llanto de sus hijos: los servicios de Quimioterapia y de Hemodiálisis llevan semanas paralizados –así como otras importantes áreas de ese centro–, lo que significa que la vida de sus pequeños se mantiene al borde de la muerte. Es una verdadera pesadilla acudir a ese hospital y regresar a la casa sin ser atendido debidamente porque los médicos, las enfermeras y el resto del personal no cuentan con los medios para tratarlos como se merecen. Antes de que llegara el socialismo rojito el hospital J. M. de los Ríos era un centro ejemplar.

A las madres sólo les queda protestar y pedir un milagro porque aunque haya médicos venezolanos con la sapiencia necesaria para salvarlos de tan terribles padecimientos, no hay con qué tratarlos.

Pero no hay que ser madre para entender la desesperación, son pacientes que no pueden esperar porque alguno en el Ministerio de Salud se acuerde de que el hospital de niños más importante del país necesita presupuesto y materiales para poder ofrecer tratamiento a tantos venezolanos que lo requieren. Son venezolanos del futuro que dependen de una atención especializada y de inmediato.

Las promesas con las que han llenado los medios de comunicación oficiales sobre las mejoras y la dotación del hospital de niños son harto conocidas. Pero la verdad es que no hay ni algodón ni inyectadoras. Los medicamentos oncológicos (siempre muy costosos) hace tiempo que no llegan.

Por eso, cuando Andrés Eloy Blanco escribió esos hermosos versos, no avizoró a los que están hoy en el gobierno rojito, burócratas que no se conduelen con el dolor de una madre con un hijo enfermo.