• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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A la luz de una vela

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El apagón nacional del martes no pudo ser aclarado por Maduro y su entorno en Miraflores porque nunca han querido aceptar que carecen del conocimiento suficiente para formular planes, tomar decisiones y modernizar de manera adecuada el sector eléctrico. Esa clausura mental los ha llevado por el camino de las sombras y la amargura, a la vez que ha entorpecido el aprovechamiento de cualquier iniciativa independiente que surja de la experiencia y la formación técnica de otros sectores de la sociedad para intentar resolver este problema que atormenta a los venezolanos cada día y a todo momento.

Chávez, con su forma alocada de resolver los asuntos, se dedicó a negar el problema y lo atribuyó a la hoy añorada cuarta república, atribuyendo las fallas del sistema eléctrico a la corrupción, a la falta de planificación y a la irresponsabilidad de los gobiernos anteriores. Eso le funcionó como excusa durante un tiempo, pero cuando se fue haciendo costumbre la interrupción diaria en el servicio de electricidad no le quedó más remedio que ordenar al ministro Alí Rodríguez Araque que inspeccionara a fondo toda la infraestructura ligada a la producción y transmisión.

El informe de Rodríguez Araque, bien documentado con inspecciones in situ además de planos y fotografías aéreas, no dejó lugar a dudas sobre el lamentable estado del sistema eléctrico, del deterioro y obsolescencia de los equipos, del escaso mantenimiento y de la falta de inversiones para adecuar el suministro a la creciente demanda del país en su totalidad.

De manera que al ahora occiso no le quedó más remedio que pedir ayuda a los militares cubanos que, por lo demás, ni siquiera contaban en su país con una red de energía eléctrica que funcionara, pero que sí sabían de apagones y del uso de la propaganda para atribuir al "enemigo" interno y externo la culpa de la oscurana.

En esa época, hoy lejana, parió la abuela y nació el sabotaje como la excusa perfecta. Empezaron culpando a ciertos animales (iguanas, zamuros, morrocoyes, etcétera) aficionados a comer cables y provocar cortocircuitos. Como la propuesta se les devolvió y convirtió al Gobierno en objeto de burlas y chistes por doquier, entonces profundizaron el ataque y señalaron a la extrema derecha de adelantar un plan de sabotaje (saboteo, dice Maduro) para preparar una asonada militar y crear el caos.

Pero, como bien lo dice un despacho de la agencia de noticias AP, "los venezolanos se mostraron escépticos sobre las denuncias del presidente Nicolás Maduro de que saboteadores provocaron un apagón que dejó sin electricidad a 70% del país".

La verdad es que se necesita ser bien caído de la mata y despreciar el nivel de inteligencia de los venezolanos para continuar con el repique de campana de palo sobre el "saboteo (sic) eléctrico de la extrema derecha". Lo menos que se le puede pedir a Maduro es que tenga cierto sentido del ridículo y no nos haga pasar pena ajena.