• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Para no llorar

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La premura con que el Gobierno lleva adelante un atropellado e inconstitucional “proceso constituyente” orientado a sentar las bases de un Estado Comunal, sustentado no en el sufragio universal, directo y secreto sino en la voluntad del comandante, le otorga a las elecciones del 16 de diciembre una significación superlativa, pues está en juego la supervivencia del Estado descentralizado que contempla el artículo 4° de nuestra carta fundamental.

La designación de un paquete de candidatos mayoritariamente militar para optar a las gobernaciones es un claro indicio de que el propósito del poder central no sólo busca minimizar la autonomía regional sino que su objetivo es urdir un entramado que se legitime a sí mismo con la señal de costumbre. Como obedientes soldados, los gobernadores sacrificarán sus cargos para dar paso a las comunas, y seguidamente otro batallón de cortesanos están prestos a colmar los consejos legislativos para aupar desde cada curul la actuación de sus jefes.

Para enfrentar tales designios urge una estrategia capaz de estimular la participación masiva de quienes se oponen a las ambiciones de Chávez, no solamente con su voto respaldando a los candidatos de la unidad, sino con su voz, denunciando y repudiando el ventajismo y la mezquina objetividad del árbitro electoral. Además hay que asumir responsabilidades en las instancias que reclaman la presencia de activistas, bien para animar a los votantes como para respaldar a los testigos en los centros de votación.

El 7 de octubre quedó claro que la abstención es el peor enemigo de la democracia. El oficialismo cuenta con una maquinaria aceitada con dinero corrupto proveniente de las arcas públicas y con una nómina de votantes cuyos sufragios son recompensados. Los números mostraron un notable descenso de su aceptación, un alentador crecimiento de la oposición, y la abstención de más de tres millones y medio de venezolanos inscritos en el REP.

Es lamentable constatar que los índices de abstención más elevados corresponden a las circunscripciones donde la oposición obtuvo mayor votación. Esto es consecuencia de una tendencia muy extendida entre los electores que se preguntan si su voto es decisivo. A estos ciudadanos hay que convencerlos de que efectivamente su voto cuenta y es protagonista fundamental.

No basta con acudir a las urnas. Hay que persuadir a familiares, amigos, colegas, compañeros de trabajo y vecinos de que la próxima no es una elección cualquiera, sino una consulta coyuntural donde se habrá de decidir, rotundamente, entre el modo democrático y el modelo despótico de promiscuidad comunera.

Si por omisión se pierde la República sólo quedará el llanto lastimero. Con votos, no con lágrimas, podemos defender las gobernaciones que ya la oposición controla e incluso sumar algunas más y ponerle freno al temerario proyecto rojito.