• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La libreta y el libreto

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La cartilla con la que los cubanos retiran una cantidad limitada de alimentos con precios subsidiados se llama, en el estilo eufemístico tan propio de la Revolución Cubana, Libreta de Abastecimiento, pero es más conocida como Libreta de Racionamiento. En realidad ha sido y sigue siendo, después de cincuenta años, lo uno y lo otro: acceso a bienes que fuera de ella son escasos y costosos, pero también limitación de lo que los cubanos consumen. Es también, y sobre todo, evidencia de una historia de fracasos.

El 12 de junio de 1963 cuando Fidel Castro implantó la libreta, como respuesta a la escasez y carestía de lo esencial, prometía que la planificación socialista le permitiría al final de esa década el empujón de una producción de 10 millones de toneladas de azúcar. Fracasada la meta, lo que sí aumentó fue la dependencia de la Unión Soviética, reflejada en los 65.000 millones de dólares en préstamos y otras ayudas en condiciones preferenciales que recibió de Moscú entre 1960 y 1990.

Y, aun así, en 1986 el deterioro de la situación económica llevó a Castro a iniciar lo que llamó "proceso de rectificación". Poco se dice, pero Cuba tuvo su capítulo propio en la crisis de la deuda externa de aquellos años bajo la presión de acreencias de la URSS y otros socios del bloque socialista que en 1990 sobrepasaban los 20 millardos de dólares. Impagables.

Derrumbado el socio mayor y su subsidio, llegaron años peores. En 1990 Fidel Castro anunció otro plan de supervivencia que llamó "período especial en tiempos de paz", pero la escasez se acrecentó entre 1993 y 1994 cuando, convenientemente, Hugo Chávez fue invitado a visitar por primera vez La Habana.

Con el Convenio de Cooperación Integral firmado en Caracas en 2000 se inició un flujo de recursos que, conservadoramente, se estima ha triplicado lo que Cuba recibía de la URSS. Con todo, en 2009, ya instalado Raúl Castro en el poder, el régimen difundió la consigna: "Ahorro o muerte".

La libreta es parte del libreto de la Revolución Cubana y en buena medida lo resume. Los rubros que contiene son cada vez menos y los que quedan por fuera son cada vez más difíciles de obtener: por costosos y escasos. La libreta es una prueba del irresponsable manejo de una economía que en cincuenta años no fue capaz de resolver el problema del abastecimiento.

Hoy Cuba necesita importar 80% de los alimentos que consume y le faltan las divisas para pagarlos.

Hace dos años, cuando anunciaba los "Lineamientos de la nueva política social y económica", Raúl Castro no pudo evadir el tema de la inconformidad de los cubanos con la libreta.

Así registraron las agencias las palabras de Castro: "A nadie en su sano juicio se le puede ocurrir decretar de golpe la eliminación de ese sistema, sin previamente crear las condiciones para ello".

En un régimen de libertades, de libre expresión, un nutrido coro le habría preguntado ¿no han bastado cincuenta años?