• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

La lección brasilera

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando medios de todo el mundo comenzaron a informar sobre las multimillonarias cantidades de dólares provenientes de América Latina y en especial de Brasil, Venezuela, México, Argentina, etcétera, depositadas en bancos suizos y de Andorra, nadie imaginó que al mismo tiempo saltaría el escándalo hasta llegar a España, donde las autoridades reconocieron que los controles sobre el lavado de dinero no funcionaron con la eficiencia del caso.

El hecho es que salieron a relucir operaciones no del todo regulares que involucraban a importantes funcionarios de los gobiernos de esos países latinoamericanos que, para mayor vergüenza, pertenecen casi todos a Unasur, la flamante organización que haría fuerte y poderoso a nuestros pueblos ante el mundo y, en especial, ante Estados Unidos. Lamentablemente, con el nombramiento de Néstor Kirchner (el tuerto, como le decía el ex presidente uruguayo Mujica) y ahora de Samper, a Unasur nadie se atreve a negarle la mala fama que se ha ganado con ese par de joyas.  

Lo cierto es que hoy apenas se están conociendo las ramificaciones internacionales de esta red armada entre políticos y partidos que actuaron en conchupancia con los altos funcionarios y sus amigos en el poder. En Brasil se han destapado ollas podridas que empantanan a Lula y a su organización política. En el país vecino -donde la corrupción es moneda corriente y está a la orden del día- la sociedad civil ha reaccionado con fuerza y con furia frente a la degradación de instituciones y burócratas que, de alguna forma, han conspirado contra las reservas morales de ese gran país.

En Brasil, la fiscalía ha demostrado que está dispuesta a hacer valer la separación de poderes y ordena investigar a no importa quién para establecer responsabilidades en los mayúsculos escándalos que amenazan la estabilidad y supervivencia del gobierno de Dilma Rousseff, quien, muy a pesar del populismo, se comporta como una demócrata y reconoce no sólo la legitimidad de las protestas, sino que tiende la mano a quienes se han manifestado en su contra para proponer un diálogo constructivo.

No creemos que las multitudinarias movilizaciones que estremecen al gigante de al lado sean producto de la espontaneidad; es obvio que hay un liderazgo opositor con capacidad de convocatoria y una eficiente maquinaria organizativa, cosas de las que no podemos presumir en este patio porque los factores de oposición parecen haber olvidado que la política no se ejerce coyunturalmente ni se limita a escenarios electorales.

Hay, pues, que recordarle a los partidos, sindicatos, gremios y asociaciones de los países que integran la Unasur y que son pasto de la corrupción, que es necesario que se explore una salida conjunta que nos permita adecentar estar parte del continente y limpiarla de los problemas que se derivan de una administración putrefacta que pone en peligro el sistema democrático. Los ciudadanos deben aprender la lección de Brasil, donde el pueblo se lanzó a la calle a exigir una mayor decencia política.