Las jugarretas
19 de diciembre 2012 - 12:01 am CET
No hay manera de que el Consejo Nacional Electoral se componga y actúe con la mínima dignidad que le exigen los electores y los partidos. En estos comicios han surgido quejas de parte y parte: nadie en el oficialismo y en la oposición está satisfecho con el trabajo de los “rectores” y mucho menos por el deterioro de la imagen y de la credibilidad de ese organismo incapaz de insuflar ánimo a los votantes.
En Venezuela casi se puede decir que el CNE se está convirtiendo en un estorbo a la hora de votar directa y tranquilamente, sin tantos inconvenientes técnicos, enredos legales e incomodidades. Lo cierto es que este equipo de señoras y de un señor que actúa más bien como invitado porque las damas no le prestan atención, inventan cuestiones y tecnicismo de última hora y cambian las reglas del juego.
Ha sido tal el enredo que han armado que ni siquiera el PSUV y sus aliados se sienten favorecidos. Al contrario, están como plancha de chino porque de tanto enrollar las cosas el CNE ha logrado espantar a los militantes y simpatizantes bolivarianos de las mesas de votación.
Ayer recordábamos la pobreza o la inexistencia de una campaña del CNE para convencer a los venezolanos para que acudieran a votar. No se hizo nada extraordinario, nada sobresaliente, nada que convenciera real y rotundamente a los ciudadanos para que sopesaran muy bien su anticipada intención de alejarse de las mesas de votación.
Esa ausencia de entusiasmo no fue percibida por los veteranos “rectores” y, más bien, no le dieron cuerda al reloj para que se atrasara un poco más de lo que ya estaba atrasado: la abstención se igualó a la registrada, según los reportes, en el año 1998.
Al CNE se le pasó la mano y perjudicó con su apatía, desgano y flojera a los votantes del oficialismo que (más de cuatro millones) se quedaron en casa o se fueron a la playa. De manera que viene la guillotina y habrá que cortar cabeza porque el artilugio actual ya no da para más, luce agotado y se ha convertido en un espanto en la sabana, como diría el comandante.
La visión de los sectores opositores coincide con las críticas que el oficialismo hace en voz baja. No hay forma ni manera de que el CNE entienda que es un órgano rector que debe mantener su independencia y no someterse al Poder Ejecutivo, mande quien mande.
Hoy en el estado Bolívar se está peleando por los inciertos y dudosos resultados que en la elección del gobernador se han detectado a la hora de comprobar y computar los votos de uno y otro candidato. Lo que se pide es que el triunfo de uno de los dos aspirantes quede claramente demostrado, pero eso no le interesa al CNE. La voz popular, la protesta cívica y el reclamo de los partidos cae en oídos sordos. Ayer el CNE proclamó, a pesar de la crisis y del clamor popular, al candidato oficialista en Bolívar. Ese desprecio no debe continuar porque le hace daño a Venezuela entera.

