• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Por jugar al quita y pon
El sacudón no sacudió

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Es indudable que el actual régimen castro bolivariano se las ha ingeniado para crear un muy singular método de afrontar las dificultades del país, el cual puede resumirse en lo que pudiese parecer máxima publicitaria: un organismo para cada problema.

Este postulado se tradujo en la creación de inspectorías, institutos, corporaciones, consejos, intendencias y superintendencias que, cuando no fueron suficientes o revelaron su incompetencia e inutilidad, dieron paso a una proliferación de ministerios y viceministerios en cantidad tal que, en este renglón, Venezuela ostenta el récord mundial.

Pero esta absurda práctica no se limitó a la expansión burocrática como repuesta a desafíos concretos (de sí un nuevo problema que acarrea distorsiones en el gasto corriente), sino que se usó, por motivaciones revanchistas, en la instrumentación de estructuras administrativas que restan autoridad y recursos a los mandatarios regionales de oposición.

Por lo visto, esa política de generar entidades que prontamente se convierten en escollos -pues, de entrada, no fueron pensadas para combatir las raíces de los inconvenientes que se busca erradicar- ha dado un salto cualitativo en lo que respecta al escalafón del funcionariado y, ahora, se les concede el rango de vicepresidente a los “toeros” gubernamentales, aumentando el número de segundones para auxiliar a un individuo que ya no haya qué inventar, no sólo para legitimarse, sino para distraer la atención de un pueblo que, de acuerdo con las encuestas, le está dando definitivamente la espalda al proyecto rojo, entre otras cosas porque su diligencia ha sido nula en lo que atañe a inflación, abastecimiento y seguridad.

Sin embargo, esa estrategia de redimensionar la envergadura del cargo y la dignidad del enchufado se enfrenta con un pequeño obstáculo que quizá el Ejecutivo crea factible resolver por vía habilitante: la Carta Magna sólo faculta al señor Maduro para que designe un vicepresidente -porque se trata, nada más y nada menos, de la persona que ocupa el primer lugar en la línea de su sucesión- y no para que ande repartiendo a discreción nombramientos de esa jerarquía. Ello, por supuesto, le sabe a soda o le resbala; porque él y los suyos son, a la manera del general José Tadeo Monagas, de los que aseguran que la “Constitución sirve para todo”, incluso para ser violada sin consecuencias por las que se deba dar cuenta.

Gobernar no es jugar quita y pon; ni creer que con la sola voluntad de un individuo se pueden alcanzar metas cuya consecución supone allanar senderos. Si no se hace esto, es ocioso trazarse objetivos. Tener claridad al respecto puede conducir a tomar las decisiones correctas en el momento oportuno. No es la observancia de esta regla lo que ha caracterizado la gestión madurista. Por eso, y porque se trata de economía y no de política menuda y socarrona, el sacudón rojito no sacudió.