• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un juez ejemplar

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Se llama Joaquín Barbosa y su nombre creó enorme expectativa en Brasil como magistrado ponente en el “juicio del siglo” que investigó el caso de corrupción conocido como “el mensalao”. El proceso que estuvo a punto de afectar gravemente la presidencia de Luis Inácio Lula da Silva concluyó hace pocas semanas con varias condenas de la Corte Suprema de Brasil a políticos de alto coturno y gran influencia. La rigurosidad y la objetividad de la investigación fueron tan profesionales que nadie se atrevió a objetarla, a pesar de las conexiones que pudieron tener los procesados.

Como consecuencia de un juicio sin precedentes, se llegó a la conclusión común de que en Brasil la política y la justicia habían cambiado para siempre. Fueron 37 los políticos o empresarios enjuiciados, de los cuales 25 fueron declarados culpables.

Ahora vuelve a la escena el nombre del magistrado Barbosa porque acaba de ser designado presidente de la Corte Suprema de Justicia, a los 58 años de edad. Es joven, sin duda, pero al doctor Barbosa lo respalda una carrera judicial ejemplar. Es el primer negro que asciende a tan alta posición, y este es un dato que no debe silenciarse porque también respalda la tesis de que es un profesional de méritos sobresalientes.

El juicio mantuvo en vilo a todo el Brasil porque fue transmitido por televisión y los magistrados debatieron abiertamente sus posiciones.

Los medios registraron el contrapunteo del juez Barbosa con otros jueces que consideraban extremadamente rigurosos sus métodos y sus conclusiones. Se impuso el criterio de Barbosa y su nombre se convirtió en garantía de imparcialidad y de rigor.

Las implicaciones que esto tiene para un país en donde a los de arriba se les consideraba intocables, y en donde la gente había perdido toda fe y toda esperanza, son diversas, y tendrán repercusiones profundas en el futuro. Un dato fue registrado por la prensa: Joaquim Barbosa fue designado juez de la Corte Suprema por Lula, y la presidenta Dilma Rousseff acaba de estar presente en la ceremonia de su toma de posesión. Lo cual dice mucho de Brasil.

Cuenta su hoja de vida que el magistrado Barbosa habla con fluidez en francés, inglés, alemán y español, y lo apasiona la música, el piano y el violín. Ha escrito, además, alrededor de diez libros.

El “juicio del siglo” tuvo un enorme impacto sobre el pueblo brasileño, sobre los partidos, los empresarios e, incluso, los medios que habían dado poca credibilidad a la realización y conclusión del proceso. La Corte demostró que había llegado el tiempo de un gran cambio en la historia de la república federal.

En suma, el magistrado Joaquim Barbosa ha sido clave en ese cambio, y su ejemplo irá más allá de Brasil. En la mayoría de países de América Latina la justicia está en manos de políticos inescrupulosos que manipulan a los jueces y usan la justicia como su guillotina personal. También a ellos les llegará la hora del cambio.