• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Fuera de juego

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Una vez finalizada la Copa América realizada en Venezuela en 2007, el difunto presidente Hugo Chávez Frías llamó a Miraflores a dos de los artífices de ese evento para condecorarlos con la Orden Francisco de Miranda. Se trataba, nada más y nada menos, que de dos personajes que en la actualidad han copado los titulares de la prensa mundial: Joseph Blatter, presidente de la FIFA, y Rafael Esquivel, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol.

Después de 8 años salió a la luz una investigación del FBI iniciada en 1992 y que dio a conocer la Fiscalía del estado de Nueva York, en la que se señalan a 14 integrantes del organismo mundial involucrados en casos de corrupción, entre ellos el primer mandamás de la FVF quien, junto con Jeffrey Webb, presidente de la Concacaf (Islas Caimán); Eduardo Li, presidente de la Federación de Costa Rica; José María Marín, presidente de Confederación de Brasil; Eugenio Figueroa, vicepresidente de la Conmebol; Julio Rocha, presidente de la Federación de Nicaragua, y Costas Taldcas, de Islas Caimán, fue detenido en Suiza cuando se disponía a desayunar. Son 47 cargos los que le imputan a estos 7 personajes: asociación mafiosa, fraude masivo, blanqueo de dinero, soborno, extorsión y delitos electrónicos.

Meses atrás, un periodista de la televisión alemana, en una rueda de prensa, había encarado a Blatter al preguntarle cómo era posible que la FIFA intentara dar una imagen de solvencia ética cuando en su seno tenía a un personaje como Webb, quien tenía una denuncia por corrupción y no había sido tomada en cuenta. Blatter se molestó y le dijo al comunicador: “No respondo a esa pregunta malintencionada”. Todos los integrantes del panel, cuando bajaron del estrado, se querían comer vivo al periodista.

Blatter, reelegido como presidente de la FIFA hasta 2019 con 143 votos contra 73 del príncipe jordano Ali bin al-Hussein, ahora no quiere saber nada de estos “sujetos” que están en la comisaría de Zurich y que por muchos años fueron sus compañeros. “Nosotros, o yo, no podemos vigilar a cada uno todo el tiempo. Si la gente quiere hacer algo malo, también intentará esconderlo”, señaló.

Pero en la calle, en las canchas, en las tribunas muchos se preguntan, ¿cómo es posible que, con tantos años juntos, Blatter no supiera nada de lo que estaba ocurriendo? Lo cierto del caso es que, a pesar de la victoria del mandamás del fútbol, las investigaciones continuarán. Todo apunta a que el príncipe Ali se convierta en el vicepresidente de la FIFA y que, luego de que el guiso involucre a directivos de Europa, Asia y África, se consiga la destitución de Blatter para que asuma la dirección una nueva generación. Todo está por verse. Por ahora, las aguas vuelven a calmarse, pero con la posibilidad cercana de un nuevo tsunami, un maremoto que acabe con la política y los negocios que han llenado las cuentas personales de los ahora cuestionados, para que el fútbol, el deporte que apasiona a millones de personas, recupere su objetivo principal, que no es otro que el de divertir al planeta.