• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

La invasión “turística”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Desde el viernes previo se sentía el agitado ambiente preparatorio. Decenas de miles corrían de aquí para allá, organizando sus pertrechos, haciendo las últimas gestiones o cayéndose a golpes para conseguir abordar los autobuses, camionetas y carros destinados al traslado. La movilización sigue en desarrollo en estos días cuando, de acuerdo con cifras oficiales, son millones los invasores de los espacios naturales.

Los 3.000 kilómetros de costa caribeña son uno de sus principales objetivos, pero invadirán también las montañas, ríos, valles, llano… todo paraje natural.

Quienes se trasladan intentan llevar consigo lo que van a consumir, dejando más vacíos los anaqueles urbanos. El encuentro con la naturaleza será completo porque si en la ciudad no hay jabón, ni champú ni desodorante, imagínense en las playas, las montañas andinas o la mentada Gran Sabana.

Quienes viajan en sus propios vehículos enfrentan carreteras deterioradas, huecos, puentes sin mantenimiento, inseguridad y otros males propios de este ineficaz “socialismo”. Van arriesgándose a los malhechores que asaltan en las vías, al matraqueo de uniformados corruptos y a que cualquier daño al carro no puedan repararlo. Pero persisten en invadir la desprotegida naturaleza.

Los que viajan en “transporte público” sufren para conseguir un pasaje, y se exponen a la falta de mantenimiento y la caducidad de esos vehículos que los llevan, a duras penas, a su destino.

Los invasores de la naturaleza llevan lo que consiguieron en medio de la brutal escasez, pero la mayoría no lleva bolsas para recoger su basura y sacarla del paraje que ocuparán.

Los sitios naturales que van a “disfrutar” son vulnerables; sus ecosistemas no están preparados para la descomunal invasión de basuras, ruido, excretas, gases de invernadero de los vehículos y otros elementos contaminantes.

Hoy los lugares de destino tampoco están preparados para amortiguar el saqueo de plantas u otros elementos naturales que los vacacionistas roban al paisaje, o la elevación de la demanda de agua, electricidad, alimentos y servicios médicos.

El caos del país, por la ineficiencia de este gobierno, con deplorables servicios públicos, hace crisis en estos días en Margarita, Mérida, la Gran Sabana o las zonas de playa.

La naturaleza en Venezuela no tiene quien la defienda, y las zonas bajo régimen legal especial, llamadas “áreas protegidas” o los parques nacionales, no tienen quien haga cumplir esas regulaciones legales, puesto que Inparques es un debilitado organismo que, en sitios como La Restinga, propicia la violación de las normas.

Los precarios servicios de salud, hoy diezmados por la escasez de insumos, repuestos de equipos y profesionales insuficientes, son aún más débiles en las zonas rurales y áreas naturales. Sueros antiofídicos u otros insumos propios para los accidentes previsibles son un lujo.

En la Semana Santa, ni los venezolanos ni la naturaleza del país con su conmovedora biodiversidad infinita, tienen fácil la existencia. La gente solo cuenta con Dios.