• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Una insoportable presencia

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Detrás del gran plan del gobierno para tratar inútilmente de frenar la desbandada socialista en los sectores populares, está la ofensiva contra los candidatos y políticos de oposición acusándolos de cualquier disparate que les pasa por la cabeza, que no por el cerebro, pues los bolivarianos han dado muestra de carecer de esa parte del ser humano. De allí que necesiten de alguien que piense por ellos y, por la misma razón, les parece de lo más normal que su cerebro se active en una isla lejos de Venezuela, en el mar de la felicidad donde un delirante cargado de años y de crímenes contra la humanidad consume el tiempo que le queda de maldad.

Del presidente Richard Nixon se decía que su cerebro caminaba tres pasos más atrás, valga decir, el señor Kisinger, el artífice del acercamiento entre Estados Unidos y la República Popular China presidida por Mao Tse Tung, máximo e inextinguible líder y timonel de la revolución. En esto de “jalar bolas” a sus líderes los comunistas se ganan todos los trofeos. Aquí, por mucho que quieran, no logran que Nicolás aparezca como el líder insustituible sino como el líder insoportable.

Por ello le aconsejan que “a falta de ideas buenos son los insultos”, que además por ser fáciles se los puede aprender de memoria sin que se le trabe la lengua y provoque risas. Pero de tanto repetir las mismas frases ya le está pasando como muerto en funeraria, es decir, que al pasar de las horas el cadáver comienza a descomponerse y hiede tanto que provoca la repulsa y la estampida de los deudos y amigos del occiso. Dicen por allí que Nicolás está cada día más solo que astronauta en el espacio, que a su lado cada día las gallinas cantan como gallos. Decreto que aprueban, decreto que tres días más tarde lo echan para atrás.

Lo cierto es que Nicolás, como el santo navideño, reparte y repite insultos sin ton ni son. Un día llama a los opositores contrabandistas, usureros o especuladores como si en la MUD se dedicaran a mercadear alimentos o si María Corina Machado o Leopoldo López fueran gerentes de Mercal. Lo mismo pasa con los alcaldes y diputados acusados de ser integrantes de un plan magnicida dirigido desde la Casa Blanca, a espaldas de Obama porque ahora es “dilecto amigo” desde que los hermanos Castro se bajaron los pantalones.

En este sancocho de mentiras no quedan por fuera los editores y periodistas con Miguel Henrique Otero en primera fila, a quien le han acusado de vender armas, ser el enlace con los supuestos paramilitares que pernoctan en Venezuela (que, como bien dijo una mujer a la que la policía rojita le destrozó el rancho: “Nuestro único delito es ser pobre y haber nacido en Colombia”), y si ello fuera poco se le vincula a una trama golpista y magnicida.

Falta que lo relacionen con la construcción del túnel por donde se escapó el narcotraficante mexicano el Chapo o que desde El Nacional dirige la campaña para diputado del Pollo Carvajal. Desde Miraflores construyen paso a paso el expediente para acusarlo. Nada menos.