• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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45% de inseguridad

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El plan Patria Segura que tanta inseguridad ha generado en los sectores populares y de clase media que sienten que ahora los disparos también vienen desde el Gobierno, ha trasmutado los derechos civiles en deberes militares. Deberes que los soldados y guardias nacionales del plan cumplen con exceso de rigor, a juzgar por los asesinatos -no se pueden llamar de otra forma- perpetrados hace un par de semanas en Falcón y más recientemente en el barrio La Bombilla, al este de Caracas.

Un par de días antes del tiroteo que arrebató la vida a un mototaxista petareño y provocó una masiva protesta de los vecinos, el ministro de Relaciones Interiores, Miguel Rodríguez Torres, en declaraciones que, por respeto a nuestros lectores, nos limitaremos a calificar de infelices, informó que para 2019 esperan que los delitos en el país disminuyan 45%. Agregó el jefe de la lucha contra el crimen: “No es que en pocos años no va a haber delitos en Caracas. Trabajamos para llevar la criminalidad a su mínima expresión”.

Hay que ser bien imprudente para sostener tales promesas, a menos que el mencionado minpopo crea ingenuamente que disparando primero con certera puntería contra indefensos niños, mujeres y motorizados y averiguando después si eran delincuentes, la guardia del pueblo sí podrá liquidar a todos los pillos probados o presuntos del país.

La verdad es que las metas y objetivos del despacho no pasan de ser quiméricos deseos, wishfull thinking, como dicen quienes piensan en inglés, entre otras cosas porque se basan en cálculos y proyecciones válidas probablemente en el plano actuarial, pero ajenos por completo a la naturaleza humana.

Cómo y por qué se ha potenciado la delincuencia en Venezuela es materia de reflexión para psicólogos y sociólogos, no para numerólogos y estadígrafos que pretenden dividir la cuantía nacional del botín entre la cantidad de robos cometidos, computar arrebatones por metro cuadrado o determinar constantes en secuestros y asesinatos en función de quién sabe qué factor de riesgo, sin contar con el rutinario “margen de error” o el “nos equivocamos, mi general”.

El plan Patria Segura es producto de la impotencia y la improvisación. Impotencia al comprobar que la revolución en vez de forjar hombres nuevos y acabar -como prometió Chávez- con los niños de la calle, trocó a éstos en pranes, mientras daba rienda suelta a la impunidad para gloria del hamponato. E improvisación para dar respuesta al clamor general ante la indiferencia e ineficiencia de quienes, en vez de proteger a la gente, reprimen manifestaciones, persiguen a estudiantes, maltratan periodistas y matan ciudadanos inocentes.

Ramírez Torres nos garantiza que dentro de seis años estaremos 45% más seguros, lo que da pie a pensar que de algún modo seremos más inseguros en 55%. Mientras tanto sólo nos queda rezar.