• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El infierno de El Dorado

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La Colonia Móvil de Trabajo El Dorado, llamada ahora Centro Penitenciario de la Región Oriental El Dorado, fue inaugurada en 1944 y formó parte de la primera gran reforma penitenciaria de Venezuela emprendida por el doctor Tulio Chiossone durante la presidencia del general Isaías Medina Angarita.

En esta cárcel, creada inicialmente como una colonia agrícola, han estado célebres reclusos como el francés Henri Charriére, “Papillón”, liberado en 1945, y más recientemente Larry Tovar Acuña, conocido narcotraficante y supuesto representante del Cartel de Medellín en Venezuela.

Ubicada casi en la entrada de la Gran Sabana en el estado Bolívar, sirvió en  épocas de la dictadura como lugar de reclusión de muchos presos políticos y en democracia siguió siendo el lugar de envío de los sancionados por la nefasta Ley de Vagos y Maleantes que rigió en Venezuela desde 1939 hasta octubre de 1997, en la cual se violaban los derechos humanos de forma flagrante.

Un funcionario podía enviar a El Dorado, hasta por 5 años, a cualquier persona que ellos consideraran vago o maleante con un criterio muy amplio, pues nadie estaba excluido de ser sancionado por esta ley. En esta cárcel llegaban transexuales, alcohólicos y cualquier persona que a los encargados de aplicarla se les ocurriera que eran vagos o maleantes.

Hoy el Ministerio del Servicio Penitenciario lo utiliza como su celda de castigo particular, enviando allá –o amenazándolos con eso– a todos los presos que protesten o cuenten verdades sobre las constantes y reiteradas violaciones que ocurren en las cárceles que la ministra Varela llama “recuperadas”, pero que todo el mundo sabe que son un infierno. En estos sitios viven los reclusos y sus familiares bajo un sistema anacrónico y disfuncional que confunde orden con torturas y violaciones a los derechos humanos.

La cárcel de El Dorado está en condiciones deplorables en su infraestructura. Esto aunado con el hacinamiento extremo la convierte en la etapa final adonde se envían los reclusos a morir, muchos de ellos procesados aún en tribunales totalmente alejados de este lugar.

Los familiares también sufren con esto, pues la gran mayoría de los presos que allí conviven son enviados desde cárceles distantes y para visitarlos deben trasladarse en autobús, lo que les resulta muy costoso. Además, se ven obligados a asumir gastos extras, como la comida y el alojamiento en hoteles, posadas o donde mejor puedan.

El ministerio carcelario tiene que asumir el fracaso de su gestión, además de que ha convertido la prisión de El Dorado en su centro particular de torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes, para no hablar de los graves niveles de hacinamientos que se viven igualmente en la cárcel de Tocorón en el estado Aragua y en la Penitenciaría General de Venezuela en el estado Guárico, donde es superior a 1.000%.