• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El impresentable

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En este espacio aludimos recientemente a la carta y comentarios de Luis Almagro respecto a la conversión de Nicolás Maduro en un dictadorzuelo más del montón de gobernantes tercermundistas, ungidos e improvisados, que traicionan a sus pueblos y degradan el ejercicio político. En su pendencia con el secretario general de la OEA –con lo que evidencia su vocación camorrera y su nula disposición (¿o capacitación?) para el debate– el abanderado de los camisas rojas ha sido pródigo en insultos y muy avaro en ideas, pero ha dado pie para que incluso aquellos que podrían ser tenidos por amigos o aliados se desmarquen de él. Y Almagro no es voz solitaria que clame en el desierto.

Podemos, la mercenaria agrupación española, subsidiada por el chavismo, que se encaramó en la carreta del populismo, lo ha comparado nada menos que con uno de los archienemigos, Mariano Rajoy, que, según delira, integra el satánico eje que conspira en su contra.

Mientras, también por el canal izquierdo, circuló el diagnóstico que Pepe Mujica hiciese no ya de su gestión, sino de su proceder. “Está más loco que una cabra”, dijo el ex presidente uruguayo, apreciación por cierto que es compartida por un buen número de analistas dentro y fuera de Venezuela.

El País, uno de los más prestigiosos diarios españoles, que no es precisamente vocero de la derecha, ha publicado en lo que va de año al menos cuatro editoriales sobre lo que aquí sucede –la sola mención de sus títulos, nos ahorrará ahondar en su contenidos: “Emergencia en Venezuela” (19-1), “Venezuela, triste aniversario” (21-2), “Realismo mágico venezolano” (28-4) y “A la desesperada” (16-5)–, y anuncia para mañana un reportaje (“Un extravío llamado Venezuela”) en el que aborda el día a día de los venezolanos y “la amarga paradoja de ser el país rico más pobre”.

Hace algunos días la Deutsche Welle emitió un largo y crudo reportaje con impactantes imágenes de las interminables colas que provocan el racionamiento y la escasez y, mediante entrevistas a los afectados, narró las peripecias de sus padecimientos ocasionados por la falta de medicinas, la crisis energética y el monopolio de las divisas. Era como ver un documental sobre las vicisitudes que le ha tocado vivir a los más desamparado pueblos africanos. También la BBC ha reportado lo que ya es motivo de consternación a gran escala en el ámbito internacional.

Copioso es el repertorio de medios que se han ocupado de analizar la situación de un país crónicamente enfermo y de determinar las causas de sus males, todas las cuales apuntan a un agente transmisor, Nicolás Maduro, que ni siquiera se da por enterado.

Y el lector y el espectador se preguntan cómo hemos llegado a este punto en el que las mediaciones, como la de Rodríguez Zapatero, apestan a alcahuetería, las negociaciones sólo buscan ganar tiempo y la única salida del atolladero pareciera ser la renuncia o la revocación de quien ya es no es más que un impresentable desecho histórico.