• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La hora cero

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Fue un error del Presidente de la República suponer que sería eterno, y que un periodo de seis años vendría después de otro, y fue una tontería sin ejemplo decirle a los venezolanos que gobernaría hasta el año 2030, que presidiría los funerales del bicentenario de la muerte de Bolívar, como fue otro error craso apoderarse del Padre de la Patria y considerarlo propiedad privada, usando sus palabras como estribillos justificadores de sus propias políticas. O sea, Bolívar como comodín de Hugo Chávez Frías. Esto fue un disparate. Quiso quitarle a Bolívar, expropiándolo, a una inmensa parte de la población venezolana que resintió la maniobra. Siempre se supuso que Bolívar era legado común de todos los venezolanos hasta que llegó el comandante, y dijo: "Ven a mí que tengo flor". Y se apoderó del Padre de la Patria.

Ahora le ha llegado la hora cero al Presidente de la República.

Su campaña naufraga entre el aburrimiento y la fatiga, sus ministros se esconden, enmudecen, lo dejan solo. Abandonan sus trabajos. Estaba escrito. Ya no se les ve con sus franelas rojas, sus arrogancias postizas. Ojalá estén dedicados a poner orden en sus despachos porque también ellos se contagiaron con la idea del gobierno que nunca tendría fin, el gobierno vitalicio, hasta "el año 2030 o más allá".

A los gobiernos siempre les llega la hora cero. No entenderlo y crearse la falsa expectativa del gobierno vitalicio fue un disparate, y por supuesto, no le será fácil al jefe de la revolución bolivariana comprenderlo. Tampoco a sus ministros que fueron engordando mientras celebraban su inamovilidad, porque si el jefe iba a gobernar tantos años ellos también estarían allí. No haber entendido la realidad de la política fue un error, un espejismo propio del llano.

¿Qué queda ahora? Simple, muy simple. Aceptar la realidad.

Una vez que en 1998 el comandante entró al juego democrático no podía esperar otra cosa que asumir sus condiciones. Y entre estas, la posibilidad de perder, y la necesidad de reconocer la victoria del adversario. Por consiguiente, no más proclamas de que "esta es una revolución pacífica pero armada", porque esto equivale a negar las elecciones. Para buen entendedor, pocas palabras bastan.

Una prioridad muy urgente debe anotar el comandante en su agenda. No es fácil poner la casa en orden después de tanta anarquía. Y mucho menos las cuentas. La transparencia no se puede inventar de la noche a la mañana. La transparencia forma parte de la razón moral. Pero, las cuentas tienen que rendirse, no hay tutía.

Un asunto más, el de las armas de guerra repartidas en manos de milicianos. Son un peligro para todo el mundo. Las armas deben estar total y exclusivamente en poder de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Y no más. Así lo establece la ley y no hay nada mejor ni más patriótico que obedecerla. El tiempo se acaba.

La hora cero llega. ¡Alabado sea el Señor!