• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El hombre que calculaba

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Sorprenden la celeridad y exactitud con las que el recientemente defenestrado ex ministro de Turismo, Andrés Izarra, ha precisado en bolívares, y contado avaramente hasta el último céntimo, lo gastado por los turistas durante el recién concluido asueto de la Semana Mayor.

23.451.000 de bolívares, ni un centavo más ni un centavo menos, ha sido la cifra contabilizada no se sabe cómo por el que solía ser el funcionario más risueño del gobierno.

Izarra ha resultado émulo de aquel Beremiz Samir, inventado por un tal Malba Tahan (seudónimo de Julio César de Mello e Souza, escritor y docente brasileño), para hacerlo protagonista de El hombre que calculaba, ameno relato que incentivó entre sus lectores el gusto por acertijos, paradojas y curiosidades matemáticas.

Con estas recién descubiertas dotes de calculista, el siempre sonriente Izarra parece ser más riguroso cuando cuenta dinero que cuando lo hace con la gente: estimó alegremente que unos “18 millones de personas se habrían movilizado por diferentes destinos del país”, es decir, bastante más de la mitad de la población venezolana.

Para no herir susceptibilidades vamos a pensar que hay un error en la trascripción de la información o que se trata de lapsus linguae. De lo contrario, no queda más remedio que tildar de supremo embuste semejante exageración, y suponer que, por eso, perdió el cambur que le fue concedido a la segunda o tercera combatiente.

Sin embargo, el Poder Ejecutivo podría pensar seriamente en una reubicación de ese carialegre personaje para sacarle provecho a sus habilidades y sea útil al país despachando, por ejemplo, desde el Instituto Nacional de Estadísticas o el Banco Central de Venezuela.

Podrían ponerle al frente de un ente para-ministerial que centralice la actualización de indicadores vitales para el análisis económico y financiero que, en el mejor de los casos, tienen al menos tres meses que no se publican.

Aprovechar, pues, este providencial descubrimiento del excepcional talento para el cómputo que ocultaba el exministro tras su sempiterna sonrisa sería un alivio para los actuarios y estadígrafos oficiales que no dan pie con bola en materia de simplificaciones y reducciones numéricas, porque no saben o no pueden procesar una data plagada de contradicciones.

Tal vez convenga, ahora que está sin chamba, enchufarlo en el CNE cuya morosidad, a la hora de totalizar sufragios, causa angustiosos desvelos a los votantes, amén de desagradables sorpresas que han hecho del ente comicial una ruleta con sólo números rojos.

La presencia de ese ábaco humano que ha demostrado ser un portento sumando ingresos en cantidades inusitadas, y en tiempo récord, sería un verdadero alivio. O, ¿por qué no incluirlo en la comitiva de Nicolás para que éste se luzca en Panamá calculando de un vistazo cuántas firmas son de verdad, cuántas obligadas, cuántas inventadas, cuántas obtenidas a cambio de Mazeite o Harina Pan, cuántas firmadas con tinta invisible?