• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El hampa se fortalece

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Los últimos hechos delictivos han puesto de manifiesto una situación que provoca especial alarma. Si ya la sociedad vive sometida a un miedo permanente debido a los progresos del bandidaje de todo tipo, tanto en las ciudades como en los campos, ahora tiene nuevos motivos para la preocupación.

Si ya era preferible echar cerrojo cuando caía la tarde para protegerse del malandraje, las noticias recientes aconsejan un blindaje de mayores proporciones. Si ya parecía que todo había pasado y se había sabido en el florido ramo del hamponato suelto, un “detallito” complica el panorama.

¿Qué ha cambiado en materia de delitos, para obligarnos a tomar mayores prevenciones? ¿Acaso se podía esperar un empeoramiento de la inseguridad, si vivimos desde hace diez años un salto de mata parecido a una conflagración civil? ¿Se ha pasado de la raya el número de víctimas, cuando ya no es posible contarlas por su abultada cantidad? ¿Se ha inventado en Venezuela un nuevo tipo de crimen, una inédita contravención, para asombro de la humanidad y como legado de la revolución bolivariana? No, por fortuna.

El ingenio de los delincuentes y la desidia de la autoridad todavía no ofrecen un aporte de ese calibre. Sin embargo, y ya que hablamos de calibre, ciertamente se ha manifestado una descomunal anomalía que genera especial preocupación.

Ahora los delincuentes se valen de armas de guerra para la comisión de sus fechorías. Las sofisticadas ametralladoras que había encargado el Comandante Eterno para la modernización de las Fuerzas Armadas, es decir, para el fortalecimiento de su guardia pretoriana, han ido a parar a las manos de los hampones.

Las granadas encargadas a Rusia y a España para refuerzo de los “guerreros de la patria”, han escapado de los depósitos de los uniformados bolivarianos para aparecer en las guaridas de los malhechores. Se dice que otras armas capaces de provocar gran destrucción y de abrir boquetes en las fortalezas más guarnecidas no aparecen en el inventario de rutina, porque ciertas personas de confianza y autoridad les han encontrado un destino distinto.

Ya los policías se han visto en trances peligrosos debido a que son recibidos por los delincuentes con el traqueteo de esas ametralladoras superveloces y supermortíferas que ha importado el Ministerio de la Defensa; o con las esquirlas asesinas, que se esparcen en el ambiente cuando salen de las granadas lanzadas por unas bandas que jamás antes se habían visto tan capaces de resistir la arremetida de la autoridad. Las granadas también se compraron con el presupuesto correspondiente a los cuarteles, por supuesto, pero ahora tienen dueños y objetivos distintos.

Salta a la vista la gravedad de la situación. Se espera mayor incremento de la delincuencia, pero también la disminución de las posibilidades de repelerla de manera efectiva, debido al armamento que ahora usan quienes la cometen.

¿Quiénes son los responsables de este robo de armamentos? ¿Qué va a hacer el ministro Padrino ante esta situación?