• Caracas (Venezuela)

Editorial

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Mientras la región celebra con alborozo la ejemplar jornada que reinstauró la alternancia democrática en la Argentina, el nicochavismo –para consternación de algunos países que en otras circunstancias han defendido al régimen o han guardado ominoso silencio ante sus atropellos– continúa como si nada en  su empeño de perpetuar a los suyos en la legislatura para no tener que rendir cuentas por los desaguisados de Maduro.

Pero ya se oyen voces de alarma más allá de nuestras fronteras. Una de las que con mayor vehemencia se ha escuchado es la del senador brasileño Aloysio Nunes quien, de acuerdo con una nota de prensa, “criticó frente al canciller (Mauro Vieira) diversas declaraciones del presidente Maduro, quien habría afirmado que en caso de perder las parlamentarias gobernaría con los militares”. 

Según el parlamentario, “hay una escalada verbal” por parte de Maduro y “la amenaza de una turbulencia inaudita, que pudiera causar hasta un baño de sangre” en caso de irregularidades, ante las cuales Brasil y el Mercosur “no pueden seguir en silencio”.

La inquietud de Nunes coloca sobre el tapete el talante nada democrático de quien se comporta como mascarón de proa del gobierno verde oliva y que, en más de una oportunidad, ha dejado entrever que, de perder las elecciones parlamentarias, gobernaría “con el pueblo en unión cívico militar”, lo que constituiría un olímpico anuncio de un autogolpe.

Se podría pensar que son faroles de un mal jugador de póker o rugidos de un ratón con cola de león y la cuestión se zanjaría con un bueno qué le vamos a hacer, pataletas de muchacho malcriado. Pero el asunto ha tomado otro cariz  y la condescendencia no es suficiente.

En sus casi tres años de desastroso desempeño, Maduro militarizó su gabinete pensando que al colocar en despachos clave a gente formada para mandar y obedecer haría más eficaz su gestión. No se percata de que una cartera ministerial requiere sapiencia y no voz de mando –Quod natura non dat, Salamantica non praestat, mucho menos los cuarteles–; sin embargo, el problema es que en las filas del PSUV escasea la eficiencia y, entonces, para suplir las carencias de su tolda, intenta hacer de la FAN un partido de gobierno cediendo generosas cotas de poder para engolosinar a la oficialidad  con su mieles y tentarla con el continuismo.

Esa es la verdad verdadera. La que explica por qué el Ejecutivo y las instituciones que mediatiza su autoritaria gestión –el Poder Electoral marcando el paso– eluden una objetiva y neutra supervisión del proceso comicial y buscan cómplices como el taimado Samper para mantener las apariencias.

Pero como puso de bulto el secretario general de la OEA en su epístola a Tibisay, la comunidad internacional no come cuentos. Y, para más inri, se encaramó la gata a la batea, porque Mauricio  Macri –para histérico enojo de Tarek William–  invocará (en Mercosur) la Carta Democrática contra Venezuela, por el encarcelamiento de opositores y la violación sistemática de derechos ciudadanos.