• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un futuro oscuro

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Seguramente el ministro Jesse Chacón duerme con la luz prendida para que los sagaces apagones no lo agarren por sorpresa y vuelva a hacer el ridículo público. Tiene razón porque militar rojo rojito que se duerme se lo lleva la corriente y no precisamente de agua. Los venezolanos sufrimos cuando se va la luz, pero más debe sufrir el teniente Chacón porque es el que paga los platos rotos. Algo le hizo a Maduro para que éste lo nombrara en ese ministerio que ha terminado siendo una silla eléctrica.
Chacón ha prometido a los venezolanos ser el hombre que combate las sombras con la espada que ilumina por América Latina, que hará brillar las noches más que el cocuyo que alumbra la parranda de los aguinalderos en diciembre, que no descansará su brazo hasta que se encienda la última bombilla ahorradora (ahora cuestan cerca de cien bolívares cada una) con la que nos embaucaron los cubanos. Entonces, pues nada, que Chacón no enciende ni la leña pal’sancocho.
De manera que los venezolanos nos hemos visto en la obligación de comprar, en defensa propia, fósforos, velas y linternas mientras pasa el matusalénico plazo de “cien días” que Jesse Chacón se puso como soga al cuello para acabar con el problema eléctrico. Mucho más de cien días llevan esperando los ciudadanos una explicación sincera y definitiva sobre esta catástrofe del sistema eléctrico.
Pero presidentes y ministros se niegan a ser rigurosos en sus explicaciones, tienen miedo a decir la verdad y dar la cara valientemente a los ciudadanos, tiemblan cuando descubren una y otra vez que no tienen la menor idea de lo que está pasando con el sistema eléctrico, que sus técnicos e ingenieros son unos incapaces, que los cubanos no los pueden ayudar porque allá en la isla la luz se va y llega cuando le da la gana.
A falta de explicaciones entonces surgen los sospechosos habituales, los saboteadores, los agentes del imperialismo, la burguesía apátrida, la clase media conspiradora, reunidos en una amplia y clandestina red que nadie de la policía roja rojita puede identificar y atrapar. Pero allí están, listos y preparados, para cuando el señor Maduro abra la gaveta y salga en cadena a tratar de explicar el desaguisado de su teniente Chacón y mentar la palabra sagrada: sabotaje.
Pero nadie es llevado a juicio, la fiscalía nada dice, el Sebin permanece en silencio, la DIM muda. Mientras tanto se despliega un operativo militar en gran escala: oficiales, milicianos, militantes del PSUV, empleados de Corpoelec y miembros del Frente Francisco de Miranda. Todo un equipo especial para resguardar las instalaciones eléctricas y no capturan a un sospechoso.
Y lo peor, ningún militar es castigado por su deplorable desempeño, el ministro Chacón no renuncia, el jefe de Corpoelec sigue en su silla, el consejo de ministros mira para el techo, el jefe de Miraflores se entretiene con el Hombre Araña. Y de pronto la gente se cansa.