• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La frontera y la FAN

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Este domingo se supo que el Ejército venezolano había capturado, por fin, a un paramilitar, a quien identificaron como José Evaristo Bautista Patiño y que entre sus seguidores era conocido con el remoquete del Nene, vaya usted a saber por qué. Lo cierto es que desde un tiempo para acá integrantes de la FAN han estado cumpliendo con sus labores de patrullaje en la frontera colombo venezolana y así, de a cuenta gotas, atrapan a un paramilitar cada cierto tiempo.

Lo raro es que jamás atrapan a narcoguerrilleros de las FARC o de ELN que, como lo saben bien los altos mandos militares, se han apoderado de largas extensiones de nuestro territorio e imponen su ley, cobran los impuestos de guerra y, entre otras cosas, ofrecen protección a hacendados, ganaderos, transportistas y comerciantes sin que nadie escape a su mando.

Esto lo hemos venido denunciando, a riesgo de nuestras vidas, los periodistas que se han internado por estos caminos de la delincuencia y la guerrilla, dos nombres para una misma actividad porque en el fondo igual combaten contra el ejército colombiano como entre ellos mismos, para definir sus zonas de control y protección para las actividades de contrabando de gasolina, de alimentos, tráfico de cocaína y de precursores para la refinación de la coca.

A lo largo de la frontera con Colombia se lava muchísimo dinero y los venezolanos que habitan esas zonas viven en medio de esa economía artificial que en nada los beneficia, porque las bandas criminales no solo los atemorizan con el uso de la violencia, sino que al mismo tiempo dirigen sus vidas privadas al punto de ocuparse hasta de pagar los servicios médicos y las medicinas de las familias pobres que les son afines en atención a los favores recibidos.

De este drama padecido por unos venezolanos que sufren la desventaja de vivir en esas zonas fronterizas llena de delincuentes, la prensa ha gastado ríos de tinta en denunciar, desde hace más de veinte años, este derrumbe en los controles de seguridad que los cuerpos policiales y militares están en la obligación de prestar a los ciudadanos.

En los archivos de los periódicos de esas zonas y en los diarios de la capital hay suficiente material de investigación sobre estos hechos que hoy parecieran ser un gran descubrimiento para conmover políticamente a la opinión pública, pero que constituyen problemas de vieja data.

La pregunta que no recibe respuesta ni de la FAN ni de la policía es: si los periodistas han llegado hasta los propios campamentos de los guerrilleros colombianos, y allí han tomado fotos y recabado declaraciones de esos comandantes, ¿nuestras fuerzas no han penetrado en esas zonas y entrado en acción tal como les exige la población?

Insistimos en que es un problema de larga data y que aquella situación que se denunció tiempo atrás sigue, seguramente con algunos cambios, sin poder ser extirpada de raíz. Parece que resulta más fácil mandar a apagar las luces de un centro comercial que barrer con la delincuencia guerrillera.