• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El fin de una tragicomedia

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Hasta sus viejos amigos extrañan el comportamiento errático de Nicolás y como es lógico se preguntan por qué ahora, en estos momentos tan desastrosos en su destino, se empeña en no recibirlos ni atender sus llamadas. Es como si quisiera desprenderse de todo cuanto lo acompañó en sus días de auge, cuando su ruta ascendente no parecía tener techo y gozaba de la inmensa capacidad de repartir el billete premiado entre su círculo íntimo, hacerlos ricos y aprobarles negocios tan rentables como jamás hubieran soñado.

Hoy esos mismos amigos, que muchos años atrás compartían una pequeña casa de playa para disfrutar con sencillez y camaradería los fines de semana en Chuspa, no se explican por qué se ha vuelto tan inaccesible de la noche a la mañana. ¿Quiénes son los que ahora lo rodean y cual es la razón de que ese grupo que trabaja en la sombra tenga tanto poder al punto de que son los dueños de la puerta de entrada hacia la sede de Miraflores, centro inequívoco del poder en Venezuela?

Lo cierto es que ese alejamiento de Maduro de sus viejos amigos se ha convertido en un verdadero naufragio económico para los entonces florecientes negocios que operaban a la sombra del poder. Muchos están en la ruina y cargados de deudas, de resentimiento y de rabia. Ya no pagan con la velocidad del rayo las facturas de los amigos, las taquillas se cierran ante su presencia porque no hay cheques para ellos y los porteros se han vuelto despreciativos  cuando notan su llegada a la entrada de los ministerios.

Apesta por todas partes el olor a naufragio, a pintura vieja en los techos y a humedad insoportable en las paredes. Nadie se atreve a pronosticar cuándo llegará el atardecer final pero ya los burócratas no caminan por los pasillos con la celeridad de gobierno nuevo sino al paso de un régimen con dolores en los huesos. Cada día que pasa agrega un peso más a una carga de por sí desmesurada, inmanejable y cruel porque es un deslizamiento continuo hacia el abismo y la destrucción de quien se creyó rey y no alcanzó ni siquiera a ser ascendido a paje secundario de la corte.

Las desgracias son como los desfiles militares, siempre preparados y ejercitados para que llegada la fecha no fallen. Lo único que cambia son los invitados según los vaivenes del poder. Hoy se dice que la familia Chávez no está en la lista de los convocados, que les restringen casi al silencio la comunicación con el presidente, que incluso le han bajado a niveles que son una ofensa el suministro de productos que antes eran abundantes, que Adán ya no está en el Paraíso terrenal. 

En todo caso, nada de esto debe sorprendernos si observamos, guardando las inmensas distancias, cómo Juan Manuel Santos se la jugó a Uribe, y lo que le está sucediendo hoy. El poder siempre será esquivo y traicionero. Nadie te insulta públicamente y te llama dictadorzuelo sin conocer que tu suerte está echada y que tu debilidad y aislamiento son públicos y notorios. Que estás en la lona y que el árbitro está finalizando la cuenta. Chao, pajarito.