• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sin eufemismos

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Cada mes, cuando presenta las estadísticas sobre aumento de precios, el Banco Central de Venezuela intenta destacar algún aspecto positivo para titular su nota de prensa. Este mes no encontró ninguno, por lo que debió expresar sin eufemismos: “La variación intermensual de INPC fue de 5,1% en octubre”. Se trata de la segunda mayor alza de precios mensual en lo que va del año y consolida una tendencia que parece irreversible, porque la tasa anual de inflación aumenta de manera continuada y ya llega a 54,3%, más de 3 veces superior a la observada para el mismo período en el año anterior.

Como ya es habitual, el rubro que bate el récord de incrementos es la de alimentos y bebidas no alcohólicas, la que más afecta a los hogares y a las familias más necesitadas. Si bien en octubre dicha agrupación no fue la que registró una mayor inflación, pues la superaron otros 6 rubros, entre los cuales se encuentran “Vestido y calzado”, “Servicios de educación” y “Servicios de la vivienda”, en los últimos 12 meses los alimentos han presentado la mayor alza de precios, con 72,1%, muy superior al promedio y a los 2 sectores que presentan la segunda tasa más alta de inflación (“Vestido y calzado” y “Restaurantes y hoteles”, con 69,3% cada una).

Si a lo anterior se añade la escasez, que en octubre fue la más elevada en los últimos 5 años, y la poca diversidad de productos, que también se acentuó de acuerdo con los indicadores oficiales, tenemos que el descontrol de la economía nacional se ha profundizado durante los últimos meses y afecta cada vez más negativamente la calidad de vida de los venezolanos.

Ante esta situación, después de incontables promesas sobre nuevas políticas y numerosos cambios de responsables del área económica (siempre dentro del mismo limitado grupo de técnicos del proceso) Nicolás Maduro se decidió a hacer unos anuncios solemnes en cadena nacional sobre medidas que pretenden enfrentar la debacle.

Ninguno de sus anuncios ataca la raíz del problema, porque se contraen a amenazar con nuevas medidas represivas, cuando no han podido aplicar eficazmente las decretadas anteriormente, y a la creación de nuevas unidades burocráticas destinadas a centralizar el control de las mismas políticas económicas que se ha seguido en los últimos años, pero no a modificarlas. El anuncio con bombos y platillos de aumentos salariales que no compensan el aumento de precios, por ejemplo, representan solamente una cortina de humo para disimular la caída del poder adquisitivo de la población y significan un nuevo estímulo para el alza de precios.

El gobierno simplemente o no sabe lo que tiene que hacer o no se atreve a hacerlo. Y parece creer que aumentando la cantidad de controles, multas, organismos y fiscales puede modificar la realidad. Como de tal manera ni lo ha logrado ni lo logrará, echa mano a la excusa de una guerra económica, la cual evidentemente el comando cívico-militar está perdiendo consigo mismo.